EDITORIAL

Cinco millones de problemas

El crecimiento del empleo es considerado en la teoría moderna como una palanca que mueve al propio crecimiento, especialmente en economías con alta dependencia de la demanda interna. En España hace trimestres que tal posibilidad está descartada, y solo es considerado como la primera preocupación de los gestores políticos y económicos, además de los ciudadanos. Es la variable más sensible de cuantas componen el enjambre de los indicadores económicos, pero también la última de la cadena de valor de la actividad, la última que reacciona a los estímulos y las decisiones. Y septiembre solo ha constatado lo que el resto de indicadores permiten olfatear: la economía no va bien, podemos estar en un nuevo escalón recesivo y el empleo ha tenido una nueva contracción, que en términos anuales es la más abultada de todo el ejercicio.

Parece inevitable superar la terrible barrera de los cinco millones de desempleados en el tercer trimestre o en el cuarto de este año. Aunque se utilizará la circunstancia como bomba electoral, da lo mismo a quién le estalle en las manos. Lo cierto es que tenemos cinco millones de problemas y cada vez menos tiempo para buscar soluciones, por dolorosas que sean, para solucionarlos. Todas las políticas venideras deben tener ese norte: el empleo. Todo por el empleo.