El pánico regresa a los mercados

La magia del BCE se apaga: comprar bonos ya no funciona

La virulencia del mercado pone en un compromiso al Banco Central en vísperas de la reunión del jueves.

Los mercados se debaten entre las ganancias y las pérdidas
Los mercados se debaten entre las ganancias y las pérdidas

Hace tiempo que el BCE cruzó alguna que otra línea roja que no quería a traspasar. La más visible es la compra de bonos públicos, algo que no figuraba en el mandato original de la autoridad monetaria y que su futuro presidente, Mario Draghi, se encargó ayer de recordar que no se debe dar por garantizada. De todos modos, la maniobra muestra un evidente desgaste. Las primas de riesgo de España e Italia (340 y 370 puntos respectivamente) han regresado a los niveles a los que se encontraban cuando el BCE resucitó en agosto el programa de compra de bonos (Securities Market Programe, SMP). En un mes, el BCE ha invertido 56.247 millones de euros. La semana pasada usó 13.305 millones, el doble que la anterior. Pero ahora no hay modo de detener la sangría.

La reanudación del SMP, en hibernación durante más de cuatro meses, comenzó de forma misteriosa hace un mes en la rueda de prensa posterior al consejo. "No me sorprendería si ustedes vieran algo en los mercados antes de que acabe esta conferencia", dijo entonces el presidente de la entidad central, Jean-Claude Trichet, que afronta el jueves su penúltima reunión. La compra de deuda consiguió bajar 100 puntos el spread en dos días, pero el mercado se ha inmunizado contra un programa cuya cuantía total asciende a 129.000 millones.

Un ejemplo de la tensión en los mercados son los depósitos bancarios en el BCE, que han alcanzado el máximo de 12 meses al situarse el viernes pasado -los datos se publican con un día de retraso- en 151.097 millones, el máximo del año. La remuneración de estos depósitos es escasa, el BCE paga un 0,75%, pero los bancos prefieren dejar su excedente de liquidez allí antes que prestar ese dinero a otras entidades. El volumen del eonia, que mide la actividad interbancaria, ha caído un 60% desde enero, de 62.000 a 23.300 millones. Urge encontrar una solución cuanto antes.

La unión fiscal

Y lo que el BCE quiere pasa por una acción política a nivel comunitario. Tanto Trichet como Draghi insistieron ayer en una conferencia celebrada en París en que la implementación de los acuerdos del 21 de julio se haga de forma lo "más rigurosa posible", un claro mensaje ante las trabas que están poniendo algunos países, especialmente Finlandia, para sacar adelante el segundo plan de rescate de Grecia y el fondo de estabilidad financiero. Trichet reclamó además ir más allá e imponer sanciones "firmes" en el futuro para los países que no tengan disciplina y caminar hacia la creación de un "ministro de Finanzas confederal".

Estas son las circunstancias en las que llega el BCE a la reunión del próximo jueves, en la que tendrá que decidir si persiste en la política iniciada en abril, cuando empezó a subir los tipos, primero al 1,25% y luego al 1,5%. Crecen las voces que reclaman una rebaja, sobre todo después de que el FMI prendiera la llama de la enésima tormenta bursátil al alertar del riego inminente de una recesión mundial. El problema para el banco central es que bajar el precio supondría una desautorización en toda regla de su propia política monetaria, un legado final nefasto para Trichet.

En cualquier caso, no parece que tenga demasiado sentido mantener una política monetaria dispar a la de otras economías en problemas. El euro, quizá en una anticipación de los anuncios por venir, cedió ayer un 0,7% y cotizó a 1,4105 dólares por unidad, frente a los 1,45 de hace una semana.

Trichet, un veterano en el manejo de los mercados, se guardó en agosto un as en la manga al asegurar que esperarían a los datos de septiembre para tomar una decisión. Agotadas todas las medidas intentadas hasta ahora, el BCE se ve obligado a inventar una nueva fórmula mágica para aplacar la ira de los mercados.

El oro rebasa los 1.900 dólares

Una vez más los inversores han acudido en masa al refugio del oro, dado que la renta variable no ofrece ninguna seguridad y la renta fija apenas proporciona rentabilidad. El metal precioso batió ayer un nuevo récord y sobrepasó la barrera de los 1.900 dólares.

Tras sufrir un fuerte varapalo hace dos semanas, fruto de la impresionante carrera acumulada desde comienzos del verano, el oro ha registrado un avance de 100 dólares en solo cinco días.

Este metal lleva 11 años consecutivos al alza. Su respaldo físico hace que los inversores lo vean como uno de los pocos refugios en tiempos de incertidumbre. Por eso, los expertos del sector consideran que el oro tiene potencial suficiente para alcanzar los 2.000 dólares si la incertidumbre persiste, como parece que es el caso.

El otro activo refugio por excelencia, el franco suizo, hizo valer ayer dicha condición. En una semana, el franco ha escalado desde los 0,84 hasta los 0,9 euros. Todo ello, a pesar de las intervenciones masivas del Banco Nacional de Suiza, intentando evitar una escalada de la moneda, que perjudicaría la actividad exportadora del país. El yen japonés también está rondando los máximos históricos. El tipo de cambio está en 76,88 yenes por dólar, el récord es 76,55.