Análisis

Eurobonos, una solución todavía muy lejana

El rechazo del BCE se produce en pleno debate sobre su conveniencia y con Grecia en el punto de mira

Eurobonos sí, eurobonos no. El debate toma fuerza en Europa al plantearse como la solución final para unos problemas de endeudamiento que amenazan con hacer saltar por los aires al euro. ¿Es la medicina más efectiva que se puede esperar? La pregunta cobra actualidad en momentos de inquietud como los vividos el viernes en el mercado, cuando el futuro de Grecia dentro de la Unión vuelve a cuestionarse.

"Sería realmente la solución. La única vía para atajar esta crisis, porque el euro es insostenible con países que pueden quebrar", argumenta Lorenzo Dávila, jefe de investigación del IEB.

Los eurobonos supondrían dar el visto bueno a que todos los países de la zona euro emitan deuda amparándose en la solvencia conjunta de la región. Esto significa que se sumaría el nivel de deuda de todos los países y sus déficits y todos responderían por todos. Conllevaría además la creación de una agencia de deuda europea, una política fiscal común y la armonización en materia de deuda pública. En definitiva, un paso decisivo hacia una Europa unida y fuerte.

Los expertos los ven como un gran paso hacia una Europa unida al garantizar la sostenibilidad del euro

En principio, las ventajas de los eurobonos parecen numerosas. En primer lugar reducirían las costosas facturas de los rescates, una gran losa para los contribuyentes hasta ahora poco fructífera como han demostrado los interminables problemas de Grecia o las complicadas situaciones que atraviesan tanto Irlanda como Portugal. En segundo lugar, contribuiría a frenar la especulación sobre España o Italia, dos de los miembros de más tamaño y en el ojo del huracán de los mercados, pues la emisión de eurobonos implicaría que los costes de financiación de ambos países se reducirían de forma considerable.

Al tratarse de un bono que representa a toda la Unión, el tipo de interés que llevaría asociado rondaría el 3,4%, la media ponderada de las rentabilidades actuales de cada país, lo que supondría un aumento de la factura para los países fuertes, especialmente Alemania, pero menores costes de financiación para aquellos con situaciones más delicadas. Una caída de intereses que en definitiva facilitaría la recuperación económica y la consolidación presupuestaria de la región, claves para salir de la crisis. Todo ello sin mencionar el beneficio que podría suponer para Europa un golpe sobre la mesa que fortaleciera su moneda y eliminara una de sus principales debilidades: la ausencia de una política fiscal común. El euro podría convertirse por fin en una alternativa al dólar y atraer importantes flujos de aquellos inversores como China que buscan desesperadamente diversificar sus carteras.

El problema es que la implementación de esta solución se presenta tremendamente complicada. Alemania y Francia, los países más perjudicados, han expresado su negativa frontal, al tiempo que el presidente del BCE, Jean-Claude Trichet, ha tratado de enfriar cualquier expectativa esta misma semana al rechazar los eurobonos. En una entrevista en el diario italiano Il Sole 24 Ore argumenta que la zona euro ya puede emitir deuda garantizada por sus miembros a través del Fondo Europeo de Estabilidad Financiera y considera que cada país debe ser responsable de sus propias decisiones de política fiscal. Eso sí, Trichet también se ha mostrado favorable a nombrar un ministro europeo de finanzas, un primer paso hacia los eurobonos.

"Los eurobonos darían lugar a un área monetaria más óptima con ciclos económicos más de la mano, mayor control presupuestario y ratios de endeudamiento más similares. Los desacoplamientos entre las economías serían menores y habría mayor estabilidad. El problema es que no se pueden poner en marcha con las diferencias actuales. Un ministro de finanzas como dice Trichet es el primer paso", argumenta Gonzalo Gómez Bengoechea, investigador del departamento de economía del IESE.

La gran duda es cómo implementarlo para que realmente resulte eficaz. El Fondo Europeo de Estabilidad Financiera se considera un parche que por ahora no ha sido efectivo para evitar el contagio de la crisis a países como Italia o incluso Francia y Bélgica. Una de las propuestas que más adeptos gana es la de emitir eurobonos a dos velocidades. Permitir que cada Estado emita un 60% de su deuda mediante eurobonos y el resto de la forma tradicional. Una manera de desincentivar que se rebasen esos niveles de endeudamiento y evitar que los países más débiles se embarquen en políticas de gasto exageradas al verse amparados por el resto de la Unión. Los eurobonos serán costosos para los países ricos pero quizá también un precio a pagar inferior a la disolución del euro.