A fondo

Paso adelante de Pemex en plena reestructuración

Pemex vuelve a dejarse querer. Ya lo hizo en los años 1979 y 1980 cuando el Gobierno español de la época impulsó su entrada en Petronor hasta convertir al grupo mexicano en el primer accionista de la refinera vasca, con un 34,2%. Una participación que es el origen de su presencia en el accionariado de Repsol, tras la reordenación de la industria de los hidrocarburos en España a mediados de los 80.

Ahora, quien le ha buscado como aliado para intentar el asalto definitivo a la cúpula de Repsol ha sido Sacyr. ¿Qué es lo que ha ocurrido para que Pemex haya dejado atrás el papel, que ha desempeñado durante décadas, de socio industrial más o menos en la sombra de la petrolera española para ponerse en primera línea de su gestión? ¿Qué es lo que le compensa para comprar un 5% adicional de Repsol con un desembolso que rondará los 1.150 millones de euros?

Nadie sabe, a ciencia cierta, qué le ha prometido Luis del Rivero a Juan José Suárez Coppel, director general de Pemex, pero hay algunos puntos que pueden justificar el cambio de rol del grupo mexicano. Por un lado, la política de dividendos, uno de los puntos de fricción del máximo responsable de la constructora con el presidente de Repsol, Antonio Brufau. Una revisión al alza del pay-out supondría un ingreso extra para una compañía como la americana que tiene una deuda de unos 54.000 millones de dólares (37.425 millones de euros) y que este año se ha fijado como objetivo captar fondos por valor de otros 8.000 millones de dólares (5.545 millones de euros).

Por otro, a Pemex le interesa aprovechar el potencial de Repsol en el negocio upstream en un momento de cambios para la empresa pública mexicana, que trata de profesionalizar su gestión y ganar en rentabilidad y eficiencia pero si perder su carácter estatal. Por primera vez en su historia, el pasado día 18 Pemex ha tenido que adjudicar contratos de exploración y producción a empresas privadas, poniendo fin al monopolio del que disfrutaba desde hace casi 80 años, en yacimientos maduros en los que se necesita nueva tecnología para multiplicar la producción.

Porque ese es uno de los problemas que tiene el grupo: que sus principales yacimientos, como el de Cantarell, se están agotando y el Gobierno mexicano necesita recuperar unos niveles de producción que llevan cayendo seis años y que ahora rondan los 2,6 millones de barriles de petróleo diarios, lejos de los 3,4 millones que se llegaron a alcanzar.

Un impulso que va a exigir tanto la licitación de hasta 40 campos maduros (Repsol ha optado a algunos de los bloques) como el inicio de proyectos para explotar yacimientos en aguas profundas del Golfo de México. Y en esta tarea, la experiencia de la petrolera española puede resultar de mucha ayuda a los mexicanos. Por ejemplo, gracias a su presencia en explotaciones offshore similares en la parte estadounidense del Golfo.

De momento, el plan estratégico de Pemex para 2012-2016 ya prevé unas inversiones de 325.000 millones de pesos anuales (18.015 millones de euros) de media en el periodo, que en un 85% se destinarán al área de exploración y producción.