La crisis de la deuda soberana

S&P prevé nuevas rebajas a EE UU si persiste la falta de consenso político

Un empeoramiento de la posición fiscal supondría una nueva caída del rating

Los responsables de Standard & Poor's (S&P) ven posibles nuevas rebajas al rating de EE UU tras la anunciada el pasado sábado, en la que la deuda de la primera economía perdió la triple A por primera vez. Todo depende de si la posición fiscal del país se deteriora más o si no se supera la falta de consenso entre republicanos y demócratas.

La deuda soberana de EE UU perdió la noche del pasado viernes (madrugada del sábado en España) su condición de baluarte intacto. S&P anunció entonces que rebajaba de matrícula de honor (AAA) a sobresaliente (AA+) la calificación crediticia de la mayor economía del mundo. Pero el tirón de orejas podría no quedarse ahí. Los responsables de la agencia veían ayer viable otra corrección a la baja de la solvencia estadounidense.

"Mantenemos una perspectiva negativa sobre los bonos de EE UU para los próximos seis a 24 meses", declaró en una entrevista a la cadena ABC John Chambers, director ejecutivo de S&P. El ejecutivo dijo que "si la posición fiscal de EE UU se deteriora más o si el bloqueo político se encona, podría producirse una rebaja. La perspectiva indica que existe una posibilidad sobre tres de otra rebaja crediticia en el periodo".

La degradación de la capacidad de EE UU de atender sus deudas no fue del todo inesperada. S&P había situado hace meses esta magnitud en perspectiva negativa. Pero el anuncio de la rebaja, inédito en 70 años, generó una oleada de reacciones internacionales para evitar una crisis de la deuda de la mayor economía del mundo.

Los ministros de Economía y Finanzas de los 20 principales países del mundo (G-20) así como representantes de los grandes bancos centrales mantuvieron contactos intensos por vía telefónica durante el fin de semana. Las autoridades de varios países mandaron un mensaje de calma y anunciaron que mantendrían sus posiciones en deuda estadounidense.

Fitch y Moody's, las otras dos grandes agencias de calificación crediticia, mantienen la máxima nota para EE UU, si bien ambas situaron ésta en perspectiva "negativa" a principios de mes.

Chambers vaticinó que para que EE UU vuelva a figurar entre los países más solventes "sería necesario que acometiera una estabilización del peso de la deuda en relación a la economía y, eventualmente, un descenso. Y eso exigiría -opinó- una mayor habilidad para alcanzar consensos en Washington que la que vemos actualmente".

El pasado 2 de agosto, demócratas y republicanos acordaron, no sin grandes defecciones entre las filas de ambos, ampliar el techo de endeudamiento del país.

El Tesoro de EE UU respondió el sábado a S&P con indignación y dureza. Señaló que, en la revisión a la baja del rating, la agencia ha evaluado mal una rebaja del gasto público de 2,1 billones de dólares (1,47 billones de euros) prevista para los Presupuestos de los próximos 10 años. La agencia cree que el país debe lograr ahorros por cuatro billones de dólares. Washington estima que "no está justificado una rebaja de la deuda" y que "la magnitud del error despierta dudas fundamentales sobre la credibilidad y la integridad de la acción de rating de S&P". La agencia reconoció su equivocación al estimar las previsiones presupuestarias, pero mantuvo su dictamen. Para ella "la cuestión central es el nivel de deuda, su trayectoria en relación con la economía y la aparente falta de voluntad de la clase política para abordar los retos fiscales a medio plazo".

Las diferencias siguen en el Capitolio

"Y tú más". En lugar de aunar posiciones, demócratas y republicanos optaron durante el fin de semana por culparse mutuamente de la rebaja del rating de EE UU. El discurso político del país se ha enrarecido significativamente en los últimos años. Ahí están los agrios debates políticos sobre la política exterior o la salud pública.

El enfrentamiento más reciente se produjo en torno a la deuda nacional. El pasado 2 de agosto, republicanos y demócratas llegaron a un acuerdo de mínimos para evitar que la mayor potencia del mundo entrara en suspensión de pagos por primera vez en su historia al elevar el techo de gasto público. Sin embargo, fueron incapaces de alcanzar un punto de encuentro para aumentar la carga fiscal.

Mientras los demócratas abogan por incrementar los impuestos y aumentar la inversión en infraestructuras para impulsar la economía del país, el partido republicano descarta subidas fiscales y opta en su lugar por recortar gastos en programas sanitarios y sociales.

Siete claves a tener en cuenta esta semana

¿Persistirán las oscilaciones o las Bolsas lograrán estabilizarse en los próximos días? Estas son las claves que determinarán el devenir de la semana:

Los políticos europeos podrían tomar alguna medida para que la Facilidad Europea de Estabilidad Financiera (EFSF, en inglés) se encuentre operativa antes de lo previsto. La entrada en vigor de este fondo de rescate debe someterse al escrutinio de los distintos parlamentos nacionales el próximo septiembre.

Los más reacios al instrumento son los representantes germanos y los holandeses. Queda por ver si la clase política europea decidirá ampliar las atribuciones de este fondo de rescate. Actualmente puede endeudarse hasta los 440.000 millones de euros, pero Merrill Lynch estima que debería tener a su disposición hasta 625.000 millones para ser capaz de sustentar a países de gran tamaño de la eurozona, como España o Italia. Y sobre la mesa permanece la gran asignatura pendiente de la Unión Económica y Monetaria: la creación de los eurobonos.

Sea como fuere, llevará algún tiempo que el EFSF se encuentre operativo. Hasta que llegue ese momento los mercados escrutarán con interés las posibles compras que el Banco Central Europeo (BCE) haga de títulos de deuda soberana de la periferia de Europa. Hasta la fecha se ha limitado a adquirir bonos de Grecia, Irlanda y Portugal. Los inversores están expectantes por saber si ampliará su actuación a Estados cuyas emisiones se encuentran al borde del rescate, como Italia y España.

La Reserva Federal (Fed) se reúne el próximo martes para revisar la situación de los tipos de interés en EE UU. Actualmente se encuentran en el 0,25%. El encuentro, además, llega después de que la autoridad monetaria del país norteamericano pusiera fin el pasado junio a su segundo programa de estímulo económico. El organismo que encabeza Ben Bernanke no tenía intención de renovarlo, pero los malos datos empresariales conocidos la semana pasada podrían provocar un cambio de opinión. El índice ISM de manufacturas del mes de julio, y que se conoció hace hoy una semana, arrojó el peor dato en dos años.

La semana pasada esos pobres datos generaron el temor a una recaída en recesión en la mayor economía del mundo. El miércoles se conocerán los datos de producción industrial de Europa. Y más tarde, el viernes, la Universidad de Michigan hará pública la evolución de su índice de confianza económica.

Las vacaciones siempre favorecen la volatilidad en las Bolsas al disminuir el número de actores activos en los mercados financieros. Las órdenes de venta de los primeros días de agosto han tenido un efecto multiplicador sobre la tendencia bajista ante la falta de compradores.

Los bancos y las compañías aseguradoras europeas, que figuran entre los más expuestos a la crisis de deuda soberana, proseguirán su ronda de presentaciones trimestrales. En la semana que comienza se desvelarán las cuentas de dos grupos: los alemanes Commerzbank y Hannover Re.