TRIBUNA

Prima de primas

La prima de riesgo alcanzaba ayer cotas históricas en España, superando los 400 puntos básicos para asentarse después en un nivel algo inferior, pero aun así muy elevado. La especulación, la volatilidad y la inestabilidad financiera no entienden de vacaciones. Esta crisis vino un mes de agosto de hace cuatro años y hoy sigue atosigándonos. Que la prima de riesgo se encuentre en esos niveles es un síntoma inequívoco de que la batalla no está ganada y la crisis sigue ahí para quedarse en lo que ya muchos llaman la Gran Recesión, un periodo prolongado sin crecimiento significativo de muchas economías europeas y de la estadounidense que está poniendo en entredicho los fundamentos mismos de ese modelo de crecimiento y lo descomunal de la deuda pública y privada acumulada en los últimos tiempos. La prima española que hoy vemos en cotas tan elevadas es, en todo caso, una prima de primas, una suma de diferentes problemas que se han acumulado dentro y fuera de nuestras fronteras.

Una primera referencia, porque por ella pasa la mayor parte de la solución, es Europa, porque los deberes que se han hecho son incompletos y, sobre todo asimétricos. En estos días se evidencia que el acuerdo alcanzado para la reestructuración de la deuda griega es, principalmente, un acuerdo para Grecia, pero no supone un freno suficiente para otros países como España o Italia. Si de verdad se quiere avanzar hacia una especie de Fondo Monetario Europeo con la suficiente cobertura y garantía para la deuda de todos los países de la UE y con mecanismos de responsabilidad fiscal suficientemente exigentes y homogéneos, habría que dar cuanto antes esos pasos. Un simple atisbo o anuncio no será suficiente. El montante de garantías y refinanciación hasta ahora comprometido es suficiente para aplazar (que no resolver) el problema heleno, pero no para sostener la estabilidad financiera de la eurozona. Y, a corto plazo, es de nuevo la hora del BCE, porque aunque no sea este su mandato, es preciso que pueda comprar deuda dada la emergencia de la situación. De lo contrario, de mantenerse por encima de 400 puntos básicos o superar los 500 (donde otros países periféricos fueron rescatados), supondrá una situación sin fácil retorno.

Otra parte importante de la elevación de la prima de riesgo viene de EE UU. Dado que España partía de una posición de cierta debilidad -o, desde otra perspectiva, de mayor atractivo como objetivo para los especuladores- desde 2009, los efectos de contagio internacional repercuten en mayor medida sobre los países más amenazados. El acuerdo alcanzado en Estados Unidos para elevar el techo de gasto se estima también insuficiente, pero el problema de fondo de la economía norteamericana es más profundo. Desde hace meses se viene ya considerando que la debilidad de la producción y el consumo están llevando al país hacia una nueva y cada vez más inevitable recesión en 2012. Esto podría desencadenar otra espiral recesiva en Europa y, a su vez, en España. Por eso, el estancamiento y secuestro que vive la economía estadounidense es una amenaza muy importante que los mercados no han dejado pasar. Y, de nuevo, los más débiles pagan, una norma que vale tanto para países como ciudadanos.

Por otro lado, nos queda mucho por hacer desde España, que sigue siendo vulnerable a los ataques especulativos porque no hemos alcanzado la credibilidad deseada para la recuperación económica. España tiene fiebre y los mercados, inversores y analistas siguen viendo en una economía de escaso crecimiento y con problemas estructurales el flanco débil del núcleo de la eurozona. Un flanco al que ahora se suma Italia, lo que, como muchos se han encargado de recordar, no es un consuelo, por mucho que el país transalpino acabe, como probablemente acabará, superando nuestra prima de riesgo. Esta vulnerabilidad de España no quiere decir otra cosa que, por mucho que la elevación del diferencial del bono tenga un componente especulativo, los deberes que hemos hecho no son aún suficientes. No caben los titubeos en las reformas, hay que sacar la artillería pesada. Hay que poner toda la carne en el asador. Ahora que sabemos que las elecciones generales se han adelantado definitivamente, es necesario que se conozca la hoja de ruta de las reformas de aquí a esas elecciones y no vale la hoja actual. Y es también necesario conocer la dirección que seguirán los partidos que aspiran a gobernar y hasta qué punto estarán dispuestos a paliar esta fiebre con una acción suficientemente intensa. La intensidad de la agenda de las reformas sigue siendo del máximo interés para los inversores, para lo que con excesiva generalidad y hasta desdeño se está llamando estos días "los mercados". No estamos hablando de conocer todos y cada uno de los detalles de los programas electorales pero debe existir ya un discurso claro sobre las reformas y su intensidad, ajeno a electoralismos y demagogias. En el corto plazo, además, es el sector bancario el que más está sufriendo este ataque especulativo y todas las entidades están más o menos contagiadas por esta situación febril. Parece necesario, más que nunca, cerrar la reforma bancaria inyectando de una vez por todas el capital preciso en las entidades para las que se han detectado las debilidades. No parece quedar margen para esperar.

Santiago Carbó Valverde. Catedrático de Análisis Económico de la Universidad de Granada