EDITORIAL

Incógnitas económicas sobre el 20-N

El presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, ha cedido finalmente a la presión y ha decidido adelantar las elecciones generales que estaban previstas para el próximomes de marzo. La fecha elegida es el simbólico 20-N, con lo que la disolución de las Cortes y la convocatoria electoral será el 26 de septiembre. El argumentario de Zapatero para justificar el adelanto descansa en dos pilares. El primero es que ya se han conseguido sentar las bases para la recuperación, aunque el presidente advirtió que el contexto económico continúa siendo muy difícil. El segundo, que la fecha de las elecciones dará suficiente margen de maniobra al nuevo Ejecutivo para estar en funcionamiento a finales de año y, de esa manera, afrontar el nuevo ejercicio económico desde el primer día del nuevo año. Argumentos al margen, loables aunque discutibles, lo más trascendente del anuncio del presidente del Gobierno es que deja claro el calendario y pone fin a una espiral de especulaciones que se había convertido en el centro del debate político-económico y que estaba impidiendo mirar más allá. Con ello, despeja una incertidumbre que también estaba teniendo su peso en el mercado, aunque su esperado efecto balsámico no llegó a apreciarse en el mercado el viernes, pues la Bolsa y la prima de riesgo continuaron perdiendo gas. No obstante, lo que realmente pesó en los mercados fue tanto la amenaza deMoody's de volver a degradar la deuda española como las dudas que está sembrando por doquier el pulso político en Estados Unidos y el riesgo de que el país suspenda pagos. La opinión más generalizada entre los analistas es que si se supera con éxito el envite estadounidense, algo de lo que nadie parece tener dudas, contar con un calendario político claro puede ser un elemento que ayude a relajar la presión de los mercados sobre España. Aunque ya desde el mismo viernes comenzaron a plantearse las inevitables pegas al planteamiento ofrecido por Zapatero.

La inmediata fue el excesivo tiempo que hay entre el anuncio y la celebración de los comicios. La explicación para que ese plazo de tiempo sea así de dilatado responde a una serie de reformas que aún restan por acometer antes de que el Parlamento cierre las puertas, entre las que el presidente destacó la aprobación de la ley que consagrará la protección de las víctimas del terrorismo, la de la agilización procesal o la que permitirá la integración de los trabajadores agrarios en el régimen general de la Seguridad Social, que afecta a un millón de personas. Pero, sin lugar a dudas, el anuncio de mayor calado, al menos económico, de los efectuados el viernes por el presidente del Gobierno es el real decreto de medidas de ajuste que tiene previsto aprobar el Consejo de Ministros en una reunión extraordinaria convocada para el próximo 19 de agosto. En este plan, cuyo fin será proteger y garantizar el objetivo de déficit para el ejercicio, se incluirá una reforma del impuesto sobre sociedades paramejorar la recaudación, así como una reducción del coste farmacéutico del Sistema Nacional de Salud, cuya base será el acuerdo alcanzado hace tan solo unos días entre elMinisterio de Sanidad y las comunidades autónomas. La contundencia y verosimilitud de este plan de ajuste determinará si llevar las elecciones a noviembre en lugar de a octubre estaba justificado. Es más, tendrá que pasar el siempre cruel examen del mercado y de las agencias de calificación.

Otra de las incógnitas que circulaban con fuerza entre los inversores en la tarde del viernes era el temor, por lo desconocido, de las alternativas económicas que pondrá en marcha el Partido Popular. Hasta ahora, la formación que presideMariano Rajoy ha guardado un cauteloso y prudente silencio, que deberá ir desgranando en las próximas semanas. Y los mercados esperan que esas medidas sean de calado, claras, firmes y nada populares. Algo que coincide con un candidato socialista, Alfredo Pérez Rubalcaba, que ha comenzado la carrera con su soltura y capacidad de convicción habituales, como demuestra el último sondeo del CIS. Todas las campañas electorales son tensas e importantes, pero esta lo será más. No en vano se produce en medio de la crisis económica más devastadora desde principios del siglo XX.