Las claves de la guerra del pasivo

Por qué los superdepósitos de hasta el 5% resistirán el ataque del Gobierno

El Gobierno gravará los depósitos de alta rentabilidad para frenar una guerra que está socavando los márgenes del sector. Pero las necesidades de la banca y las dificultades de financiación hacen prever que se mantendrán los depósitos cercanos al 5%.

Miguel Ángel Fernández Ordóñez y Elena Salgado, en la presentación del libro 'Testigos. 25 años de economía española'
Miguel Ángel Fernández Ordóñez y Elena Salgado, en la presentación del libro 'Testigos. 25 años de economía española'

La norma que penaliza los depósitos de alta rentabilidad entrará en vigor el 4 de julio. Las entidades financieras deberán aportar cuatro veces más dinero al fondo de garantía cuando ofrezcan rendimientos por encima del mercado.

Los pequeños ahorradores temen que bancos y cajas cierren el grifo de los depósitos que pagan entre el 4% y el 5%. Y, desde luego, ese es uno de los objetivos del Gobierno que, a instancias del Banco de España, trata de que la banca no deteriore más sus márgenes. Y es que menos márgenes significa menos rentabilidad y más peligro.

El coste del pasivo remunerado "excesivamente" se incrementará 40 puntos básicos (100 equivalen a un punto porcentual) para las cajas de ahorros; 24 para los bancos y 32 para las cooperativas de crédito. Este coste adicional, sin embargo, probablemente no desactive la guerra desatada en los últimos tiempos. Al menos, no por completo. Cinco claves explican por qué la banca mantendrá sus armas afiladas en la guerra del pasivo.

1.- Estrés

Ahora, la misión de bancos y cajas es autoabastecerse de liquidez sin necesidad de recurrir a los mercados. Las convulsiones desde que estalló la crisis de crédito, allá por 2007, han revelado que no es fácil obtener dinero a buen precio de los inversores. El BCE mantendrá la barra libre de liquidez para la banca en el futuro inmediato, pero Jean-Cluade Trichet no se cansa de reiterar que la medida es excepcional. El recurso a los clientes de toda la vida, en cambio, siempre estará ahí.

Las cajas de ahorros son además el eslabón más débil de la cadena y sus dificultades para acceder a los inversores institucionales son mayores. De hecho, solo Unicaja, La Caixa y Bankia han conseguido salir al mercado mayorista en lo que va de 2011. Para las otras cajas, el acceso es casi imposible. "Tendrían que pagar unas rentabilidades descabelladas, de forma que les sale más rentable colocar depósitos", explican fuentes financieros. Su única opción es captar dinero de la clientela más tradicional y, al mismo tiempo, reducir el crédito.

2.- Coste

Las rentabilidades que bancos y cajas se han visto obligados a ofrecer a los inversores institucionales no son bajas. La caja de ahorros andaluza paga, por ejemplo, un 5,5% anual en la emisión de cédulas que colocó el pasado marzo. El diferencial sobre el midswap -tipo de interés de referencia para estas operaciones- ascendió a 250 puntos básicos (100 equivalen a un punto porcentual). En abril, La Caixa tuvo que colocar las suyas, también a cinco años, con un diferencial de 195 puntos básicos.

Los grandes bancos consiguen por regla general, mejores precios, pero las últimas colocaciones tampoco son para tirar cohetes. El pasado abril, Santander demostró su poderío al colocar bonos senior con un diferencial de 132 puntos básicos, eso sí, a dos años. Este spread es especialmente meritorio para una colocación sin más garantía que la del emisor -a diferencia de las cédulas, que cuentan con las hipotecas como activo subyacente-, pero aun así es elevado en comparación con lo que la misma entidad pagaba, por ejemplo, en enero de 2010. Entonces, vendió bonos sin aval a tres años con un diferencial de 45 puntos básicos.

3.- Diversificación

El crac de liquidez sufrido en verano del año pasado sembró de incertidumbre las mesas de tesorería de los bancos y cajas españoles. La palabra "España" provocaba la espantada de las entidades extranjeras, que cerraron sus líneas de liquidez a cal y canto. Los banqueros tomaron entonces conciencia de su debilidad, se pusieron manos a la obra para reducir su dependencia de los mercados y activaron fórmulas alternativas para lograr liquidez. Las cámaras de contrapartida (LCH.Clearnet y Eurex Repo) y la captación de depósitos se convirtieron en sus armas secretas.

Todos los bancos cotizados están remando en la misma dirección. El objetivo es rebajar el ratio de créditos respecto a los depósitos (importe de los créditos entre el de los depósitos). Por ejemplo, Santander lo ha bajado hasta el 115% a cierre de marzo, frente al 150% de finales de 2008 y Banesto, hasta el 121% desde el 133%.

Banco Popular es el mejor ejemplo de cómo se puede cambiar la estructura de financiación de forma intensa en unos años. Su ratio de créditos respecto a depósitos ha pasado desde el 236% de marzo de 2007 al 150% actual. La entidad presidida por Ángel Ron cuenta con acceso a todas las cámaras de contrapartida, dispone de una segunda línea de liquidez por unos 11.500 millones y es capaz de colocar deuda entre institucionales (1.700 millones en 2011). Pero, pese a todo, prefiere contar con una estructura de financiación diversificada y no depender de los mercados.

4.- Fidelización

Conseguir un depósito con dinero nuevo implica traer recursos de la competencia. En muchos casos, los carteles con ofertas de remuneración del pasivo son la puerta de entrada de un cliente que después se queda y contribuye a nutrir el margen de la entidad con otros productos. Tarjetas de crédito, créditos, fondos de inversión, de pensiones y seguros contribuyen a redondear la rentabilidad de las oficinas. "En definitiva, un depósito atractivo no es solo una fuente de liquidez, sino también de clientes", explican fuentes financieras.

5.- Rivales

La norma aprobada por el Gobierno no afecta a algunas entidades extranjeras, como ING Direct o Espirito Santo, puesto que no están adheridas al fondo de garantía de depósitos español y no se les exige, por tanto, ninguna aportación. Este factor ya ha levantado suspicacias entre la banca nacional y, previsiblemente, hasta que no se encuentre una solución para el agravio comparativo, bancos y cajas españoles no dejarán comerse cuota de mercado.