EDITORIAL

Los beneficios de la guerra de tarifas

La guerra de tarifas que sacude el sector de la telefonía móvil está provocando una verdadera revolución en el mercado. La irrupción de las pequeñas compañías low cost ha conseguido romper el statu quo en materia de precios de que gozaban las tres grandes operadoras tradicionales -Movistar, Vodafone y Orange- y desatar una verdadera pugna competitiva por ver quién ofrece mejores condiciones económicas al cliente. Si la semana pasada Movistar retaba a las operadoras móviles virtuales (OMV) con una tarifa de seis céntimos por minuto, ayer le tocó el turno a Orange, que ha optado por ofrecer un precio idéntico a la marca de Telefónica, pero con SMS más baratos y un consumo mínimo menor. Ahora solo resta esperar a que haga lo propio la tercera gran operadora -Vodafone-, que hasta ahora no ha entrado en la batalla tarifaria, pero de la que nadie duda que antes o después se verá obligada a participar.

Tras la pugna por colocarse en el pódium de los operadores con precios más competitivos del mercado subyace un verdadero cambio en el modelo de competencia que hasta ahora imperaba en el sector de la telefonía móvil. La estrategia de las operadoras de bajo coste se ha basado en ofrecer precios hiperajustados y muy inferiores a los presentados por las compañías tradicionales. Una vez aceptado ese reto por Movistar y Orange, la diferencia entre ambos tipos de operadoras en materia de tarifas se ha estrechado considerablemente. Serán las low cost las que deberán mover ficha ahora y dar otra vuelta de tuerca a sus tarifas para hacer frente a este nuevo impulso a la competencia.

En cualquier caso, no hay duda de que las operadoras móviles virtuales han llegado para quedarse. Según datos de la Comisión del Mercado de Telecomunicaciones, en los 12 últimos meses las OMV han conseguido captar más de 1,3 millones de nuevos clientes en el mercado español y gestionar, en conjunto, más de 2,88 millones de líneas móviles. Buena parte de esa cartera de usuarios proviene de las filas de los grandes operadores tradicionales, atraídos por unas ofertas que resultan especialmente tentadoras en épocas de crisis. Al fenómeno ha ayudado también la irrupción de nuevas herramientas que permiten al cliente abrirse paso en la compleja y densa jungla de ofertas y tarifas de las distintas compañías y averiguar cuáles de ellas se ajustan mejor a su perfil y hábitos de consumo como usuario.

La reducción de los precios en la industria de telefonía móvil es una buena noticia para un mercado como el español, cuyas elevadas tarifas han sido puestas en evidencia varias veces por la Comisión Europea. Supone, además, la consecuencia natural de una sana y estimulante competencia, que no solo beneficia a los consumidores, sino también a las propias compañías, obligadas siempre a reinventarse y estar permanentemente alerta.