Recuperar el crecimiento económico

La elasticidad clásica del empleo determina que se precisa en España al menos un crecimiento del PIB del 2% para generar empleo neto, un valor demasiado elevado pero coherente con el grado de rigidez del mercado de trabajo en España. Las flexibilizaciones de los últimos 25 años aplicadas en la legislación de contratación ha reducido el umbral del crecimiento del PIB que genera empleo, que se ha acercado al 1,5%, y que oscila también en función de los sectores de actividad, o incluso del punto cíclico en el que esté la actividad económica general. Con la generalización de la contratación temporal, que supone reducir a cero el coste del despido para los trabajadores afectados, la espoleta del empleo se dispara nada más incrementarse la actividad microeconómica, y avances del 1% del PIB pueden generar nueva ocupación. Pero dado que el horizonte no está aún despejado, que la demanda está bastante paralizada, las empresas responden al primer impulso de actividad con más productividad de la plantilla que tienen y retrasan la generación de empleo.

El crecimiento de la economía en España tiene una dependencia muy alta del consumo privado, de la demanda interna, y ésta, a su vez, de la capacidad de gasto de los agentes privados. Por el momento, la renta disponible de los hogares sigue cayendo, tanto por la pérdida de empleo como por el ajuste de los salarios y las subidas de impuestos del último año, y dado que es el verdadero motor del consumo privado, hasta que no se estabilice no hay bases para el crecimiento de la economía. Mientras tanto, únicamente la demanda externa tirará de la actividad, que se centrará fundamentalmente en la producción manufacturera, de recorrido limitado en España en términos agregados.