Bicicletas, ollas o edredones, ofertas de la banca para captar liquidez

Regalos para abaratar la guerra del depósito

Las entidades financieras están ávidas por conseguir liquidez, y cualquier estrategia es poca para atraer nuevos depósitos. Primero fueron las altas rentabilidades ofrecidas y ahora las remuneraciones en especie.

¿Quiere una bicicleta? Nosotros se la damos. Elija el modelo y se la llevamos a casa. Y todo esto, solo por ahorrar. Este lema es el que está utilizando el Banco de Valencia, filial de la fusionada Bancaja, para atraer nuevos depósitos. El objetivo es conseguir nuevos clientes a cambio de remuneraciones en especie que sustituyen los jugosos tipos de interés contra los que el Banco de España lleva tiempo luchando. Una estrategia que ya explotan la practica totalidad de entidades financieras y que en otoño y primavera se aviva con más fuerza.

Una de las compañías más activas en este tipo de promociones es Unicaja. En su portal web se pueden encontrar productos para todos los gustos y bolsillos. Así, es posible conseguir desde un edredón nórdico tras depositar 1.200 euros durante un año hasta un televisor de 32 pulgadas por ceder 112.600 euros a lo largo de un trimestre. El sistema es sencillo, el cliente escoge el producto financiero que le interesa y en unos días el regalo será suyo. La verdadera cuestión es conocer si realmente el precio de mercado de dicho producto se ajusta al tipo de interés que la entidad dice que representa. Una pregunta que aunque habitualmente suele ser afirmativa, dado que al adquirir grandes volúmenes las entidades se suelen beneficiar de importantes descuentos, en alguna ocasión puede dar lugar a sorpresas.

Un ejemplo de estas 'sorpresas' se puede encontrar en La Caixa. La caja catalana cuenta también con un amplio surtido de productos, abarcando incluso donaciones a diversas causas benéficas, pero la adquisición de alguno de ellos supone un alto sobrecoste respecto a su precio de mercado. Más concretamente, adquirir una videoconsola Wii a través del depósito ofertado supondría un importe no inferior a los 360 euros frente a los 149 euros que habría que abonar por adquirirla en un centro comercial Carrefour. Una situación similar a al que se produciría si alguien adquiriese alguna de las bicicletas que Banco de Valencia ofrece a cambio de 'guardar' su dinero. Para comprobarlo basta con coger el interés que ofrecen y aplicarlo al importe depositado durante el plazo comprometido, la cantidad resultante es la valoración que se hace del producto, levemente superior a la que fija el Corte Inglés.

A pesar de estos inconvenientes, el sistema financiero continúa explotando esta vía para conseguir liquidez. Los bancos saben que en muchos casos ofrecer un 'regalo' es un incentivo muy eficaz. Además para que sea accesible al mayor público posible ofrecen diferentes opciones. Por ejemplo, hace escasas fechas Caja Duero te daba la posibilidad de hacerte con un juego de toallas de Devota y Lomba por depositar durante 9 meses 5.700 euros a un tipo del 0,74%. En el caso de no contar con esa cantidad la solución es simple: se reduce la cantidad, se incrementa la rentabilidad y se alargan los plazos. Ahora el conjunto será tuyo por ceder 3.900 euros durante un año, lo equivale a una retribución anual del 0,82%.

De todas maneras, para aquellas personas que no se dejen cegar por los regalos es recomendable comparar el interés que ofrecen las remuneraciones en especie con los depósitos que abonan su retribución en efectivo. De hecho, en la actualidad hay diversas entidades que ofrecen rentabilidades superiores al 4% TAE al que no llegan ninguna de las promociones que ofrecen otros productos.

Un punto más que hay que tener en cuenta en este tipo de promociones es la tributación a la que están sujetas. Así, al igual que si se cobrase un rendimiento monetario, los bienes recibidos son considerados por Hacienda como rendimientos de capital mobiliario, sujetos a tributación y a ingreso a cuenta del 19%. Por tanto, al contratar este tipo de ofertas hay que fijarse bien en la letra pequeña. A parecer no siempre se cumple eso de que a caballo regalado no se le mira el diente.