Movimiento 15-M

No tan jóvenes

La concentración en la Puerta del Sol está protagonizada en su inmensa mayoría por gente joven. Una franja de edad entre los 20 y los 30 años, de las más castigadas por el paro. Pero no sólo son jovenes los que protestan, colaboran y participan en la concentración de Sol, también hay adultos.

La acampada es por definición una actividad juvenil. Hace falta vigor físico y pocos refinamientos para pasar días bajo una tienda de campaña. No es casualidad que la acampada de Sol sea la desembocadura de una riada que comenzó hace apenas un mes con una manifestación propulsada por veinteañeros: Juventud sin Futuro. Bajo las lonas que cercan el kilómetro 0 madrileño abundan los jóvenes. Pero también hay adultos.

Luís Fernández es el portavoz de la asociación nacional de desempleados. Tiene 45 años y lleva tres en el paro. Su asociación, que "no pide cuotas de asociación porque no se le puede pedir dinero a un parado", fue una de las convocantes de la manifestación del domingo 15 de mayo. Apoyado en el crisol de la estación de metro de Sol y sentencia: "esto es la eclosión de lo que sucedió el domingo". Habla a título individual porque ni la suya, ni ninguna otra asociación forman parte como tal de la asamblea de 'Toma la Plaza', nuevo apelativo por el que se empieza a denominar a la concentración de protesta. "Apoyamos cualquier iniciativa que pueda generar una mejora en nuestra situación, hay gente que lo está pasando muy mal", sostiene Fernández. Reclama un pacto de Estado para solucionar el problema del paro y arremete contra la falta de voluntad política de los dos grandes partidos. Aún así, muestra su escepticismo con el método y los posibles logros de la protesta. "No es funcional. En las asambleas hay tanta gente que no se escucha nada. Sería interesante que de aquí surgiera la posibilidad de convertir todo esto en un partido político", opina.

Manuel Calvache tiene 50 años. Es psicólogo y trabaja como enfermero en un hospital público de la Comunidad de Madrid. Hoy es su cuarto día consecutivo bajo una de las lonas de la Puerta del Sol. Decidió unirse desde el primer día a la concentración de protesta, en la comisión de enfermería. Administra un generoso botiquín situado entre dos sillas donde atender a los pacientes. "No ha habido demasiadas incidencias, algunos golpes, desmayos". Manuel se turna con otros 10 voluntarios para mantener el servicio sanitario en el campamento las 24 horas. Además de la vocación de servicio público, colabora con la iniciativa social que lucha contra el fracaso escolar ("un euro por el fracaso escolar"). "Esta es una buena plataforma para implicar a más gente en la lucha contra el fracaso mental, que es al final en lo que se traduce el fracaso escolar".