La ayuda dejará a España una factura de 4.000 millones en avales

La UE prepara unos 90.000 millones para salvar a Portugal

Los ministros de Economía de la UE iniciaron anoche en Budapest las negociaciones sobre el rescate de Portugal, solicitado ayer formalmente por Lisboa. Las cifras barajadas oscilan entre 75.000 y 90.000 millones de euros, de los que España debería aportar unos 4.000 millones en forma de avales. España, según las autoridades comunitarias, quedará a salvo del cualquier contagio de la crisis lusa.

Lisboa
Lisboa

El Gobierno de José Sócrates cursó ayer de manera oficial la solicitud a la Comisión Europea para que se activen los mecanismos de ayuda financiera internacional de los que dispone la UE. Y de manera casi inmediata, el Consejo de Ministros de Economía y Finanzas (Ecofin), reunido en Bruselas bajo la presidencia semestral de Hungría, comenzó a trabajar sobre las necesidades de financiación de Portugal y las estrictas condiciones que impondrá al futuro Gobierno luso a cambio de los préstamos.

La cifra definitiva de esos préstamos está pendiente de una evaluación por parte de la Comisión y del Banco Central Europeo. Pero ya se barajan cuasi oficialmente unas cantidades que conciliarían entre 75.000 y 90.000 millones de euros, es decir, un poco más que el rescate de Irlanda (85.000 millones) y un poco menos que el de Grecia (110.000 millones). Un tercio del préstamo portugués (entre 25.000 y 30.000 millones) lo aportaría e Fondo Monetario Internacional. Y el resto, la Facilidad Europea de Estabilidad Financiera (FEEF) fondo de rescate de la zona euro, y la Comisión Europea.

El FEEF ofrece las peores condiciones de financiación (con un recargo sobre el coste del préstamo de entre dos y tres puntos en función de su madurez) mientras que la CE carga un 2,925%, en línea con el FMI.

Si las cantidades manejadas hasta ahora se confirman, a España le correspondería aportar avales a través del FEEF una cantidad cercana a los 3.600 millones de euros, aunque en función de los países que colaboren en el recate podría variar arriba o abajo .

Rechazo al contagio

Un rescate de Portugal de esa magnitud dejaría al FEEF, que ya asumió 17.500 millones, con una capacidad de intervención de menos de 240.000 millones de euros. La merma reabrirá, con toda probabilidad, las dudas sobre la capacidad de ese fondo para rescatar a un cuarto país llegado el caso, sobre todo si es del tamaño de España. Pero las autoridades europeas salieron ayer en tromba para descartar esa hipótesis. La reunión de los ministros en Budapest intentará demostrar a los mercados que Portugal será el último rescate en la zona euro y que España, en particular, no corre peligro de contagio. La consigna repiqueteó por todos los rincones de la Unión Europea. "España, como ha repetido el comisario de Economía Olli Rehn, ha cumplido sus compromisos y no hacemos analogías con Portugal ni especulamos con escenarios", señaló en Bruselas un portavoz oficial de la CE. La consigna se repitió con diversos matices en Fráncfort (por boca del presidente del BCE, Jean-Claude Trichet), en Budapest (el presidente de la OCDE, Ángel Gurría) o en Berlín (el comisario de Competencia, Joaquín Almunia). Muchas voces para espantar un peligro de contagio supuestamente inexistente.

Impacto de Japón

El desastre nuclear en Japón restará dos décimas de crecimiento del PIB durante este año a la UE, según los datos que la Comisión Europea tiene previsto presentar hoy a la reunión del Ecofin en Budapest. Las proyecciones del organismo comunitario señalan, sin embargo, que el impacto japonés no frustrará la recuperación económica.

El Ecofin estigmatiza el superávit comercial

Si Alemania no lo impide, el Consejo de Ministros de Finanzas de la UE (Ecofin) incluirá el superávit en la cuenta corriente como uno de los indicadores que se deberán vigilar para detectar los desequilibrios macroeconómicos en la zona euro. La propuesta será planteada por Hungría, presidencia semestral, durante la reunión informal el Ecofin en Gödöllö, un castillo a 50 kilómetros de Budapest.

Los Gobiernos francés y español han reclamado durante meses que el nuevo marco no sometiese solo a vigilancia a los países con déficit en la balanza por cuenta corriente (entre los que figura España).

La propuesta del Gobierno húngaro reconoce que el déficit suele revelar un problema de competitividad más grave que el superávit. Y por ello plantea que las alarmas salten antes en los números rojos (cuando el déficit alcance el 4% del PIB) que en el superávit (a partir del 5%).

Los nuevos indicadores formarán parte del mecanismo de vigilancia macroeconómica que complementará el Pacto de Estabilidad y Presupuestos. Entre ellos figurarán también la evolución del tipo de cambio real y la situación de un país en cuanto la inversión internacional. Algunos países también quieren incluir la evolución de la deuda pública como factor de desequilibrio macroeconómico.