Guerra de guerrillas en los depósitos bancarios

Malas noticias para el ahorrador: vuelven los estructurados

Un elevado tipo de interés, pero con vinculaciones a la Bolsa. Es el estándar en la nueva batalla de los bancos y cajas por captar inversión. Frente a la guerra abierta por el tipo de interés que marcó 2010, en 2011 las ofertas tienen demasiada letra pequeña. Una mala noticia para el ahorrador.

La guerra del depósito de 2011 parece más bien una guerrilla. Los sucedido en 2010 fue una campaña en toda regla en la que Santander abrió las hostilidades a campo abierto: un 4% puro y duro. Hoy Santander hace de francotirador: dispara con un 4,5%, pero con una inversión mínima elevada y parte del depósito vinculado a la evolución de BBVA, Telefónica e Inditex. Y ha sido el último en sumarse a las escaramuzas protagonizadas por cajas y bancos. NovaCaixaGalicia ofrece un producto referenciado a la misma cesta de acciones, Banesto lo vincula a Telefónica, BBVA y Repsol, a un plazo de 48 meses, y Sabadell liga el 50% de la inversión a la evolución de Telefónica en un plazo de cinco años.

El gancho siempre es el mismo: un número de gran tamaño sirve de imán para los clientes, y la letra pequeña solo espanta a unos pocos. Las condiciones para obtener rentabilidad adicional son hipótesis que no parecen descabelladas, como que ciertos valores coticen por encima de determinado nivel a dos o tres años vista. Pero hay que tener en cuenta la sabiduría popular. Nadie da duros a cuatro pesetas, y en un producto estructurado, el dinero que no gana el inversor lo gana el banco.

En estos productos, lógicamente, no es el banco el que se tira a la piscina y confía en que las acciones no alcancen determinado nivel; contrata un derivado para cubrirse con una tercera parte, de forma que si se cumple la hipótesis planteada en el producto, recibe el dinero que al final tendrá que reembolsar al ahorrador. Lógicamente, dicha cobertura es más barata cuanto más inverosímil sea la hipótesis. De modo que el objetivo del banco es fijar una hipótesis atractiva a primera vista -para atraer al inversor- pero no demasiado verosímil en la práctica, para no pagar demasiado por la cobertura. El resultado es el que cabe esperar: mucha letra pequeña.

Los elevados plazos, por ejemplo, hacen disminuir rentabilidades que a priori parecen jugosas y obligan a retener parte del dinero. Cajamar promete un 5% TAE a seis meses, pero lo condiciona a destinar el 30% de la inversión a la evolución de cuatro valores (Carrefour, France Télécom, Deutsche Telekom y E.on). Si suben de precio a cuatro años vista la rentabilidad prometida es de un 16%, que en términos anuales es un TAE del 3,78%. Y si alguna de ellas cae por debajo del valor inicial, el TAE queda en un 0,25%. El gancho del 5%, en definitiva, dura seis meses, pero el dinero queda inmovilizado cuatro años para, en el mejor de los casos, sacar un 4%.

Hay que agradecer a esta caja, con todo, haber impreso folletos publicitarios con las ofertas. Es la única entidad que lo hace. Las demás hacen las ofertas en un papel garabateado por el comercial de turno, en una política de transparencia que no debería ser la norma. Tampoco están siempre al alcance de todos. El depósito 90/10 de Santander, además de inmovilizar el 10% del dinero durante tres años, solo está disponible a partir de los 50.000 euros. El depósito Cristiano Ronaldo de Espirito Santo, a partir de 75.000.

La fiebre de los garantizados, allá por 2003 y 2004, se saldó con productos de venta masiva, pero los resultados para el inversor fueron decepcionantes. El inversor debería tener claro lo que está comprando, exigir que la oferta se haga con un documento del banco y no dejarse deslumbrar por un porcentaje. Banesto propone un producto a dos años con un 6% TAE para el 40% de la imposición. El 60% restante queda condicionado a la evolución de Telefónica, Repsol y BBVA. Pero si uno de estos valores no sube en dos años, la remuneración de ese 60% es solo del 2% para el 60% de la inversión, es decir, un TAE de menos del 3%. Este podría subir al 10% para toda la inversión si cada uno de los tres valores sube más del 10% a dos años.

Pero, en ese contexto, invertir directamente en, por ejemplo, Telefónica, ya da una rentabilidad por dividendo de más del 7% y, si el inversor quiere complicarse la vida, puede comprar un derivado para limitar las pérdidas. La doble necesidad de competir en el mercado y de cuidar los resultados obliga a los bancos a buscar estructuras complejas en esta guerrilla del depósito, ayudados por la baja volatilidad de la Bolsa, que ha hecho bajar el precio de los contratos de derivados con los que se cubren estas ofertas. Pero eso no quiere decir que sea oro todo lo que reluce. La clave para elegir bien es comparar ofertas, exigir compromisos por escrito, examinar la letra pequeña y tener ojo con los productos que inmovilizan el dinero demasiado tiempo o que imponen condiciones difíciles de entender.