La agencia recorta tres o cuatro escalones la calificación de cinco bancos

¿Dónde estaba mirando Moody's?

El Banco Pastor ha perdido el grado de inversión. En estos momentos, Moody's y sus seguidores lo consideran una aventura especulativa, al mismo nivel que entidades financieras de países intervenidos o de empresas sin plan de negocio que quieren probar suerte con una idea genial.

El Pastor no está solo en su nueva consideración de bono basura. Catalunya Caixa y Banco Valencia están con él, según la rebaja masiva que ha llevado a cabo esta mañana la agencia de calificación sobre la consideración de la deuda a largo plazo y los depósitos de 30 bancos españoles.

Al margen de las razones que Moody's pueda tener para advertir de tanto riesgo en la inversión en estas tres entidades y de la credibilidad que les queda a las agencias de calificación tras casi cuatro años de crisis que no vieron venir (el Banco Pastor ha cotizado hoy tranquilamente al alza en Bolsa), lo sorprendente es otra cosa. Lo llamativo es que ayer, anteayer o la semana pasada, los inversores podían confiar en estos bancos y dormir con cierta tranquilidad porque ninguno de ellos estaba cerca de caer en el pozo.

El Banco Pastor y Catalunya Caixa navegaban por los ratings bastante positivos del entorno de la A. Ambas tenían un A3, lo que en la terminología de Moody's implica un grado medio-alto de confianza. Banco Valencia estaba un poco peor, pero lejos del abismo en cualquier caso.

Nada de eso les salvó. En un solo movimiento, Moody's ha recortado cuatro peldaños la calificación de Banco Pastor y Catalunya Caixa, y en tres escalones la de Banco de Valencia. Sin llegar a considerarles bono basura, la agencia de calificación también ha rebajado tres grados la deuda de Caja Madrid y Cajamar, esta última muy cerca ya del precipicio.

Es cierto que todas estas entidades tenían el rating bajo revisión para una rebaja y que se advirtió que podría ser de más de un escalón, como a la inmensa mayoría de las firmas españolas, por otra parte. Eso significa que los inversores y ahorradores debían estar avisados de que algo iba a pasar. Pero que en un solo movimiento se rebaje la calificación tres o cuatro notas a alguna entidad y que dos de ellas pasen directamente de tener un bien a estar suspendidas despierta ciertas dudas (más todavía) sobre la capacidad de las agencias de calificación de servir de guía a los inversores y no solo de alarma amplificada cuando la situación ya está muy negra.

Moody's justifica su decisión de hoy en la rebaja de la solvencia española del pasado día 10, aunque fue solo un escalón. Pero la medida se debe sobre todo, según explican los autores del informe, a que se ha reajustado el apoyo sistémico extraordinario y excepcional que pueden recibir las entidades, que se había establecido cuando se inició la crisis y que ahora se ha minorado. Ellos lo dieron y ellos lo quitaron, con las consecuencias que se han visto esta mañana.

También apelan a que el rating de solidez financiera de estas entidades (el que tienen sin el recurso a apoyos públicos extraordinarios) ya estaba en grado especulativo, lo que suponía una alerta a los inversores. Ahora le sigue la alarma para la deuda y los depósitos, que se ajusta al mismo nivel porque se elimina el paraguas de ayudas extra. Pero no para todas. Moody's ha decidido que las entidades pequeñas o medianas pueden caer, pero que las grandes serán auxilidadas, como demuestra el hecho de que Caja Madrid, por ejemplo, sea bono basura por su solidez financiera, pero no por su deuda y depósitos.

Razones y explicaciones hay. Para esta decisión, para la rebaja de la nota española de hace dos semanas y para disentir tanto con el Gobierno nacional y como con el Banco de España sobre los fondos que necesitan las entidades financieras para cumplir los criterios de capital. También hay razones para la crítica. En manos de los inversores está dar y repartir la credibilidad a quienes piensen que la merece.