Las consecuencias del terremoto

La industria española acusa ya la falta de piezas de Japón

Las plantas de fabricación de automóviles y de productos electrónicos miran con preocupación a Japón por el riesgo de desabastecimiento. En España, GM detendrá la producción en Figueruelas (Zaragoza) durante día y medio por falta de componentes, lo que aplazará la fabricación de 2.400 vehículos. Nissan y Renault aguantarían hasta dos meses con el stock actual y Panasonic teme por la importación de cámaras de fotos.

La industria española acusa ya la falta de piezas de Japón
La industria española acusa ya la falta de piezas de Japón

Fue una compañía japonesa, Toyota, la que desterró de las fábricas los stocks y los sustituyó por una coordinación extrema con los proveedores. El resto de productores de coches no tardó en copiar esta iniciativa. Ahora es el país asiático el que, por causas ajenas a su voluntad, ha sembrado la preocupación sobre cientos de fábricas por todo el mundo, que siguen con atención los sucesos. Y no solo por las dimensiones de la tragedia. También por las repercusiones sobre su negocio. La industria de la automoción y la electrónica son los dos mejores exponentes de esta situación.

La planta más afectada en España es la de General Motors. La producción de GM en su planta de Figueruelas (Zaragoza), que cuenta con unos 7.000 trabajadores, "está cubierta" y no tiene "problemas para esta semana". No obstante, la fábrica detendrá la cadena de montaje durante el lunes 21 de marzo y la tarde del día 25 por falta de un componente que se fabrica en Japón y que no ha llegado por el terremoto del 11 de marzo, según explicó ayer a Europa Press Juan José Arceiz, presidente del comité de empresa. Esto obligará a aplazar la producción de 2.400 vehículos.

Nissan recibe piezas por barco cada ocho semanas. Por ahora, su stock es suficiente para suplir las necesidades de la compañía. Una portavoz aseguró que están atendiendo de cerca la situación y que, tanto los concesionarios como las plantas de Barcelona (furgonetas y todoterrenos) como la de Ávila (camiones ligeros) cuentan con existencias para "un futuro inmediato".

Algo más holgados son los plazos con los que trabajan las factorías de Renault en España, que asegura realiza un seguimiento diario de la situación. Una portavoz de la compañía explicó ayer que las remesas de piezas llegan por barco en un plazo que oscila entre dos y tres meses, por lo que aún cuentan con un margen considerable. La planta de motores de Valladolid sirve el 40% de los motores a toda la alianza Renault-Nissan.

El grupo francés PSA Peugeot-Citroën "está evaluando" los posibles efectos que puede tener la catástrofe sobre la decena de proveedores que sirven desde Japón "todo tipo de piezas" y buscando posibles alternativas, si la situación se complica. Fuentes de la compañía explicaron que cuentan con unas dos semanas de stock. PSA cuenta con una planta en Vigo y otra en Villaverde (Madrid). La planta de Ford en Almussafes, en cambio, aseguró no tener constancia de problemas ni de posibles repercusiones sobre los proveedores.

La tragedia en Japón no ha detenido, hasta ahora, la importación de productos electrónicos desde el país asiático. Sin embargo, las fuentes consultadas avisan de que pueden surgir problemas en semanas si persisten los efectos de la catástrofe. Panasonic España, por ejemplo, ya admite que la importación de cámaras fotográficas se puede ver afectada parcialmente. Canon ya interrumpió la fabricación de cámaras en Japón porque no llegan piezas nuevas de los suministradores.

Muchos de los mayores fabricantes mundiales de electrónica provienen del castigado país asiático y tienen sus plantas allí. Incluso las compañías que no tienen fábricas en la región noreste de Japón pueden sufrir problemas indirectos en sus proveedores.

Así, Panasonic España explicó que "inicialmente puede haber alguna afectación" en el suministro de cámaras digitales fabricadas en Japón. "Pero, aún así, no se esperan restricciones importantes en ningún producto de momento", añadió. Según expertos en el mercado electrónico japonés, Panasonic podría ser una de las empresas más perjudicadas porque el terremoto ha afectado directamente a unidades que fabrican cámaras, piezas electrónicas y electrodomésticos.

Otro fabricante de cámaras que puede tener problemas es Canon. Tras el terremoto, la compañía ha cerrado cuatro fábricas, incluso una unidad en Kyushu, al sur, en un área no perjudicada por la tragedia, porque este productor estaba teniendo dificultades para obtener piezas para los equipamientos. Mientras, ayer helicópteros militares y camiones-cisterna arrojaron toneladas de agua marina en un intento desesperado por enfriar el reactor número tres de la planta de Fukushima (noreste de Japón), que emite elevados niveles de radiación. El terremoto y posterior tsunami ha provocado ya al menos 5.429 muertos y 9.594 desaparecidos, aunque se teme que la cifra final se incremente en municipios de las provincias más afectadas, como Iwate, Miyagi y Fukushima.

Las autoridades niponas incrementaron en unos 28.000 el número de evacuados en las localidades cercanas a la planta nuclear, que fueron reubicados en las provincias de Fukushima. Además, alrededor de 10 millones de hogares se vieron afectados por los planes de recortes en el suministro de la compañía operadora de la planta de Fukushima, según la agencia local Kyodo.

Por su parte, ayer se sucedieron las declaraciones políticas sobre la conveniencia de la energía nuclear, entre las que destacaron las de la canciller alemana. Angela Merkel abogó por superar la tecnología atómica, que sigue siendo una "fuente transitoria de energía", y por "alcanzar la era de las energías renovables lo antes posible". Merkel dio marcha atrás a su popular decisión del pasado otoño de extender la vida de las centrales nucleares más viejas y anunció el martes el cierre temporal de las siete plantas construidas antes de 1980. Desde Bruselas insistieron en tratar de buscar una postura común para encarar este debate.

La cifra

32.800 viviendas temporales van a habilitarse para dar cobijo a los más de 530.000 japoneses refugiados en distintos campamentos.