La situación de las cajas

¿Cuánto vale mi caja de ahorros?

Las entidades se debaten entre ceder sus bancos al mercado o echarse en los brazos del FROB ante sus necesidades de capital.

¿Cuánto  vale mi caja de ahorros?
¿Cuánto vale mi caja de ahorros?

En la primavera de 1945, a las tropas de la Wehrmacht alemana apenas les quedaba margen de maniobra. La disyuntiva era clara. Rendirse a las fuerzas estadounidenses o claudicar ante el Ejército soviético. Las cajas de ahorros viven estos meses una situación similar. Acosadas por la necesidad de reforzar su capital, a muchas solo les queda elegir entre ceder el control de sus bancos al mercado o lanzarse a los brazos del Estado.

El Banco de España acaba de desvelar el pasado jueves el déficit de cada grupo después de que, el 18 de febrero, el Gobierno estableciera unos requisitos de solvencia más exigentes con la intención de disipar las dudas que despierta el sector financiero entre los inversores internacionales. Las entidades han de presentar a finales de mes sus planes de recapitalización y haberlos llevado a buen puerto antes de que acabe septiembre, con alguna posibilidad de prórroga.

El supervisor estima que el sistema financiero requiere 15.152 millones. De esta cantidad, 14.077 millones corresponderían a las cajas y el resto a los bancos. Las cooperativas no tienen deberes en materia de solvencia.

Agencias de calificación y bancos

Pero sus cálculos no son los únicos que maneja el mercado. Informes elaborados en las últimas semanas por otras instituciones ofrecen cifras significativamente superiores. Las agencias de calificación Standard & Poor's y Moody's hablan de 30.000 y 50.000 millones, y Goldman Sachs ubica la necesidad de fondos entre 22.000 y 59.000 millones para el conjunto del sector. Bank of America estima que solo las cajas requieren unos 43.000 millones bajo su escenario base. Y otro banco internacional que prefiere el anonimato calcula que deben captar 64.000 millones en condiciones de estrés.

Y aquí surgen las dudas. ¿Cuánto vale una caja? ¿Dónde puede obtener el dinero? ¿Qué condiciones impondrán los inversores que lo aporten? Y por último, ¿qué porcentaje de sus bancos deberán ceder las entidades de ahorro para quedar bien apuntaladas?

Analistas, inversores y, por supuesto, los gestores de las cajas han comenzado a estudiar cómo articular la recapitalización y dar un valor a cada entidad. En estas dos materias, La Caixa ha fijado una trayectoria a seguir. Al separar aquellos activos que pudieran resultar problemáticos, el grupo barcelonés ha dotado de atractivo al nuevo Caixabank. Muchos expertos afirman que esta fórmula podría ser replicada, salvo Francisco Uría, socio responsable del sector financiero en KPMG. En su opinión, "La Caixa ha podido constituir un banco malo porque dispone de activos muy rentables que pueden garantizar la financiación del vehículo. No todas las entidades podrán permitirse un esquema institucional similar".

Caixabank ha recibido un precio de 0,8 veces frente a su valor en libros. Aun así, no es el único patrón para el sector. En suelo ibérico, figuran los bancos medianos (Bankinter, Banesto, Sabadell y Popular) cuya cotización se mueve en múltiplos próximos a 0,75. En el extranjero se puede tomar como ejemplos el valor de los Banche Popolari italianos o de Crédit Agricole en Francia.

El precio final de una caja dependerá en buena medida de quien vaya a participar en su capital. Como indica un analista de un gran banco internacional, "lo ideal es que solo entraran inversores institucionales porque, entonces, se vería el precio real. El tramo minorista adultera al alza su valor".

Minoritarios e institucionales

Y es que las entidades de ahorro cuentan con una fuerza de venta envidiable. Si se emplea a fondo, su red comercial podría atraer los ahorros de decenas de miles de clientes. Pero la CNMV ha exigido que toda colocación que involucre a particulares se realice por canales abiertos de mercado. De hecho, ha impuesto que cotice entre el 25% y el 40% del capital social y que una parte sustancial del paquete que se distribuya acabe en manos institucionales.

Precisamente, serán estos quienes empujen a la baja la valoración. "Ningún inversor institucional va a comprar una caja a múltiplos de 0,8 como el de La Caixa. Pedirán ratios muy bajos para que compense la inversión y, dadas sus necesidades, las entidades deberán ceder más del 50% sus bancos cabecera", explica un analista de un banco español. Esto no implica que cedan sus control, porque con porcentajes menores pueden conservar la gestión. En general, los analistas acotan el precio de las cajas entre el 0,35 y 0,7 veces frente a su valor en libros.

El abanico de inversores institucionales al que pueden apelar las entidades de ahorro es amplio. Todos los expertos consultados coinciden en que los fondos soberanos participarán en el accionariado de los bancos de cajas. De hecho, Catar y Emiratos Árabes (EAU) ya se han comprometido a invertir 300 y 150 millones, respectivamente. Lo más probable es que su dinero vaya destinado a los grupos de mayor renombre y que cuentan con una presencia geográfica más extensa y diversificada.

Las aseguradoras pueden jugar un papel, pero muchos predicen que secundario. En el sector financiero se da por descontado que Mapfre entre en el accionariado de Bankia, en correspondencia por la participación del 15% que Caja Madrid tiene en su capital. Pero aparte de este grupo y, tal vez, de Aviva, parece complicado que otras compañías, como Caser o Aegon, tengan capacidad para invertir en los grupos de cajas. Igualmente, es improbable que las grandes fortunas familiares tomen posiciones de referencia en los bancos de cajas a través de sus family offices.

A ojos de un ex director de riesgos de una caja, los inversores ideales para las nuevas entidades serían las firmas extranjeras de banca. "Las entidades foráneas nunca han logrado hacerse un hueco en el negocio minorista en España porque demanda una red con capilaridad, algo que exige mucho esfuerzo, paciencia y dinero. Las cajas pueden aportar esa presencia", afirma.

Crédit Mutuel e ICBC son dos entidades foráneas que han decidido probar suerte en el país recientemente. En contraste, Barclays y Deutsche Bank deben solicitar fondos a sus matrices para cumplir con las nuevas normas de capital españolas. De hecho, el banco británico planea reducir su red y centrarse en rentas medias altas tras las pérdidas cosechadas con promotores e inmobiliarias.

La última alternativa institucional que queda son los fondos oportunistas y de capital riesgo. Pero como exigirán depreciaciones muy fuertes de las cajas (múltiplos de entre el 0,2 y el 0,3 del valor en libros, según algunos analistas) es muy posible que sus propuestas sean rechazadas.

¿Pero qué ocurre si una caja no logra atraer dinero fresco o solo lo obtendría bajo condiciones draconianas? En tal caso se abren dos escenarios: participar en una segunda ronda de fusiones o dar entrada en su capital al Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria (FROB).

Los expertos consultados apuntan que este escenario será el que afronten las fusiones de ámbito intrarregional como Novacaixagalicia, Catalunya Caixa, Caja España-Duero y Unnim. Las injerencias políticas que han motivado su constitución no invitan a entrar en su capital. Por eso deberán apelar a alguna caja fuertemente capitalizada (Unicaja, Ibercaja o las cajas vascas son opciones obvias) o a bancos medianos con ganas de ganar volumen. Las fuentes consultadas arguyen que Santander y BBVA solo se harán cargo de una caja en apuros si se lo solicita el Banco de España, puesto que su magnitud sigue siendo adecuada para competir en un ecosistema bancario poblado por grupos nacionales con unos 70.000 millones de euros en activos.

La entrada del Estado en el capital de una caja, en un principio una alternativa indeseable, ha ganado atractivo. Como explica el ex director de riesgos de una caja, "es cierto que el FROB impondrá un control brutal a las cajas, pero permite ganar tiempo para sanear la entidad sin vender a precio de saldo y encontrar socios dispuestos a participar en su capital".

El FROB no entrará con vocación de permanencia en las cajas. Al contrario, limitará su presencia a un máximo de cinco años. Transcurrido ese plazo venderá su participación a precios de mercado. Además, las cajas siempre pueden tratar de reducir la presencia estatal a la mínima expresión reforzando su solvencia con la venta de su cartera industrial o de activos como la red de oficinas. Y como recuerda Josep Nadal, socio de Accenture, "el solapamiento de redes de entidades de una misma región permite ahora soltar lastre y captar capital".

Aunque la rebaja de la calificación de la deuda soberana española anunciada por Moody's el pasado jueves no ayuda a atraer inversores foráneos, la máquina para la reconversión bancaria está en marcha. Y es que como recuerda un ex ejecutivo de una caja, "todas las crisis bancarias se resuelven igual: sanear las entidades y después vender".