A fondo

¿Y después del 7 de abril?

Jean-Claude Trichet cada día parece más acostumbrado a los juegos de equilibrista. No es habitual en el Banco Central Europeo (BCE), que considera que una política monetaria predecible es la mejor forma de controlar las expectativas de inflación. Que en 2008, poco antes de quebrar Lehman, subió los tipos de interés oficiales más que nada por no echarse atrás y parecer débil.

Pero hace no mucho negó en rueda de prensa que estuviese barajando compras masivas de deuda periférica en el mismo momento en que su mesa de negociación empezaba a entrar en el mercado. Y son varias las ocasiones en las que el mercado se ha inundado de rumores de intervención del BCE sin que, en la semana siguiente, el banco refleje en sus balances dicha intervención.

La entidad ha admitido, por ejemplo, que en la práctica Irlanda imprima dinero, y otorga barra libre a la banca, pero cada bono de deuda periférica que adquiere lo esteriliza vía depósitos para aplacar las pesadillas inflacionistas de la corriente prusiana.

La duda es cómo abordar el problema de la liquidez

Por si fuera poco, en el juego de equilibrios se han colado dos elementos no esperados. La dimisión de Axel Weber y la reapertura de la carrera por la sucesión de Trichet y el alza del precio del petróleo por la crisis libia. Dos elementos que explican la decisión de subir tipos en abril, unos cuatro o cinco meses antes de lo que se esperaba, algo poco habitual dado el citado gusto del BCE por ser aburrido y predecible.

La decisión está tomada, y los mercados la han recogido rápidamente. Queda por ver qué implicaciones tiene para los propios tipos de interés después del 7 de abril -será el día que se suban 25 puntos básicos- y para los otros frentes abiertos en el banco. Como explican desde Barclays Capital, banco que por cierto considera un error subir el precio del dinero tan pronto, no sería la primera vez que la realidad termina por recordar al BCE dónde está el enemigo real. Lo hizo en 2008, cuando tuvo que revertir la absurda subida de tipos de junio, y en 2009, cuando reculó en la decisión de cortar el grifo de la liquidez a la banca.

Con todo, salvo catástrofe financiera el banco probablemente suba tipos al menos una vez más, no vaya a ser que alguien le tache de blando. La cuestión capital es cómo abordará los programas de liquidez a la banca, o las operaciones sobre la deuda soberana, menos mediáticas pero igual de importantes para el sistema financiero. Es en este terreno donde Jean-Claude tendrá que elegir entre los equilibrios imposibles o la rendición ante un fundamentalismo más preocupado por la inflación alemana en 1930 que por la posible ruptura del euro en 2011.