EDITORIAL

La endémica rémora energética

En 1980 tres cuartas partes de la energía que se consumía en España provenía del petróleo, hoy el porcentaje baja del 50%. Esta evolución, a primera vista positiva ya que España no es productora de crudo, deja de serlo al comprobar que la dependencia energética es la misma que entonces. ¿Qué ha ocurrido? Sencillamente, que el recorte del petróleo se ha visto compensado con compras de gas natural que se han multiplicado hasta proporcionar el 25% del consumo energético total. Dicho de otra forma: España lleva 30 años sin reducir su dependencia energética.

Es cierto que en estas tres décadas se ha producido una saludable diversificación de los países a los que España compra productos energéticos, lo que dota de cierta seguridad al suministro. Pero permanecer como uno de los países más dependientes energéticamente de la UE, muy por encima de la media, es una prueba más de que la competitividad de la economía española está condenada de antemano a cargar con pesos extras. Es una enorme factura, y no solo en términos dinerarios, de la que las autoridades se acuerdan cuando sube el precio del crudo tan rápido como se olvidan cuando baja. Gracias a esa falta de previsión la economía española tiene una gran rémora, un fenomenal recibo continuo y una inflación que se vuelve a disparar dramáticamente.