La crisis de Nueva Rumasa

El grupo operó durante dos años al margen de la vigilancia de la CNMV

El regulador advirtió hasta en siete ocasiones sobre los riesgos.

La CNMV nunca vio con buenos ojos las ofertas de inversión en Nueva Rumasa. El organismo regulador avisó hasta en siete ocasiones de los riesgos que suponía invertir en los pagarés que anunciaba o de acudir a las ampliaciones que llevaba a cabo la compañía controlada por la familia Ruiz-Mateos. 5.000 inversores hicieron caso omiso de estas advertencias e invirtieron 140 millones.

De la misma manera, la CNMV ha advertido en repetidas ocasiones de su incapacidad de controlar esas inversiones, dado que el grupo siempre ha elegido fórmulas que no le exigían someterse a la lupa del supervisor.

Así, en su primera advertencia en mayo de 2009, el regulador avisó que los pagarés no constituían oferta pública. Por eso, estos instrumentos financieros no iban a ser objeto de negociación en un mercado secundario oficial, ni el emisor estaba obligado a presentar un folleto explicativo. Nueva Rumasa seguiría adelante y procedería a lanzar sucesivas emisiones de pagarés a lo largo de ese año, lo que obligaría al regulador a emitir sus correspondientes advertencias a finales de septiembre, a mediados de octubre y el día antes de la Nochebuena de 2009. Esta última emisión consistía en un nominal de 50.000 euros con una rentabilidad del 10%.

A instancias del organismo presidido por Julio Segura, el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero reformó la Ley del Mercado de Valores en abril de 2010 para someter a su examen las emisiones de pagarés de Nueva Rumasa. Entonces, el grupo abandonó esta fórmula de financiación y optó por ampliar capital en Dhul, por 30 millones de euros, y en Clesa, por otros 12 millones. La inversión mínima descendió, además, desde los 50.000 euros de cada pagaré hasta los 1.200 euros de una participación en Dhul.

La CNMV aún emitiría dos advertencias más. La primera, el 20 de abril de 2010, en la que recordaba la necesidad de que en la emisión interviniese un intermediario financiero autorizado. La segunda, en junio, recordó que la ampliación de una sociedad de responsabilidad limitada no pueden ser consideradas como valores negociables o instrumentos financieros.

Tenedores de pagarés, en segunda posición

Nueva Rumasa no consolida como un holding. Por eso, los pagarés que ha emitido la compañía figuran a nombre de sociedades concretas, como Carcesa o Clesa. Si una de estas sociedades entra en proceso concursal, como es el caso, comenzará un proceso para saldar las deudas bajo la tutela de los administradores concursales.

Cuando se declara el proceso, entra en juego el orden de prelación de los distintos tipos de acreedores. Los titulares de pagarés se consideran acreedores ordinarios y se situarían después de los propietarios de deuda privilegiada (cuyo cobro resulta preferente), pero por delante de los tenedores de títulos de deuda subordinada.