A fondo

La canciller tampoco se libra de las críticas

La cumbre bilateral de hoy entre España y Alemania se presta a lecturas simplistas que presentan a Rodríguez Zapatero como un alumno rezagado en la agenda reformista y a la canciller como una señorita Rottenmeyer encargada de exigirle mayores esfuerzos. Pero en el conjunto de la UE, y en particular de la zona euro, Angela Merkel no disfruta de una reputación mucho mejor que la del presidente del Gobierno. Incluso cabría decir que, tras las reformas acometidas por Madrid en los últimos meses, Zapatero puede lucir en Bruselas un nutrido currículum que contrasta con los seis años en blanco de las sucesivas coaliciones de Merkel en Berlín.

El pasivo de la canciller, además de la ausencia de reformas, incluye su incapacidad para estimular la demanda interna de la economía alemana; la reestructuración inconclusa de su maltrecho sector bancario, que en tres años de crisis se ha tragado 50.000 millones de euros en ayudas públicas directas, y sus continuos cambios de opinión en la crisis de la deuda de la zona euro. Numerosos economistas y más de una autoridad europea sostienen que la boyante economía alemana oculta un amenaza latente para la supervivencia del euro mayor que los descalabros fiscales de Grecia o financieros de Irlanda. "La recuperación unilateral de Alemania puede desestabilizar definitivamente la Unión Monetaria", advierte un economista. "Fue lo que ocurrió a comienzos de los noventa y provocó el estallido del Sistema Monetario Europeo". Un alto cargo europeo se declara convencido de que la solución definitiva de la crisis del euro "pasa también por incluir como parte del problema a los países con superávits comerciales y sobre las vías de actuación en los países con un exceso de ahorro o una escasez de demanda interna". La discreción comunitaria impide citar a Alemania de manera expresa, pero se miran sus cifras.

En plena crisis, el superávit alemán alcanzó el 8% del PIB en 2008, el 5% un año después y rebotó hasta el 6% en 2010. "En lugar de contribuir a un reequilibrio de la economía europea y global el año pasado, Alemania se ha convertido en un gran obstáculo", señala Simon Tilford, economista jefe del Centre for European Reform, un instituto de estudios con sede en Londres. Tilford cree que, en las circunstancias actuales, las cifras que Berlín exhibe con tanto orgullo "están lejos de ser benignas".

El superávit alemán puede dañar al euro

Merkel, además, ha perdido el predicamento que disfrutó en Bruselas durante su presidencia semestral de la UE en 2007. Los socios de la zona euro consideran que su lentitud en la respuesta a la crisis griega agravó el problema. Sus declaraciones a favor de la reestructuración de la deuda alentaron la propagación del virus a Dublín y Lisboa. Y sus acuerdos bilaterales con Francia, de espaldas al presidente del Consejo Europeo, Herman Van Rompuy, supusieron un agravio para el resto de socios.

La canciller tampoco ha sabido mantener la confianza de su opinión pública en el proceso de integración europea. Los sondeos de enero indican que el 63% de los alemanes tienen "poca o ninguna confianza" en la UE, récord histórico. Y en el caso de la moneda única, el 68%. Berlín ha fomentado el malestar al presentar los mecanismos de solidaridad entre los socios del euro como un trasvase de fondos desde el Norte al Sur. Y la demagogia alemana se ha contagiado a socios como Holanda, hasta el punto de que parte de la prensa de los dos países presenta ya a España como beneficiaria de esas ayudas. Lo cierto es que, hasta ahora, España ha contribuido en términos absolutos el doble que Holanda a los rescates griego e irlandés. En resumen, Merkel, tal vez, debería pensárselo bien antes de asumir el papel de Rottenmeyer que algunos le atribuyen.