A fondo

La reacción tardía

El amplio y ostentoso recibimiento que gozó ayer la delegación china, de viaje oficial a España, por parte del Ejecutivo y del empresariado nacional, no debería extrañar en principio, dado el papel emergente que está ocupando el gigante asiático en la economía mundial. Sin embargo, lo que realmente llama la atención es que esta puesta en escena no se haya producido mucho antes, hace incluso varias décadas. Porque ese es el tiempo de ventaja que llevan a España los principales socios comunitarios, como Alemania y Reino Unido, a los que, por cierto, el vicepresidente chino, Li Keqiang, va a visitar también en los próximos días. Cierto es que desde hace ocho años, los sucesivos gobiernos españoles (del PP y del PSOE) han colocado a China como objetivo prioritario en la promoción del comercio exterior y las inversiones. Pero mientras España apenas destinaba a Asia un porcentaje exiguo de su presupuesto público de promoción y las empresas españolas preferían hacer las Américas en sus planes de internacionalización, las grandes multinacionales europeas comenzaban en los años 80 y 90 a afincarse directamente en Shanghai y en el Delta del Yangtsé.

Ahora, veinte años más tarde, estas empresas (holandesas, francesas, norteamericanas, italianas e inglesas, sobre todo) han ocupado una posición muy ventajosa en un mercado tan complicado como el chino, en el que brilla con luz propia su amplio intervencionismo político. Esa brecha, cosida a base de desconocimiento, costará mucho en reducirse. Por eso, no extraña que ayer se palpasen gestos de cierta frialdad tanto en la delegación de empresarios y políticos chinos como en la de los propios españoles que se dieron cita por la mañana en un desayuno de negocios en el Hotel Palace de Madrid, según admiten fuentes del empresariado español. Y es que las grandes compañías (como BBVA, Telefónica, Indra o Repsol) ya han abierto un camino seguro en el país asiático apoyándose en su masa crítica, algo que deben recorrer aún las pymes españolas, en franca desventaja respecto a las del resto de la UE.

Las lenguas maliciosas subrayan que este amplio recibimiento en Madrid ha sido promovido, más que por estrategia comercial por la imperiosa necesidad del Gobierno español de agradar al gigante asiático para que siga comprando títulos del Tesoro, ante la crisis de confianza sobre la deuda soberana en la zona euro. El propio vicepresidente Keqiang hizo un guiño al presidente José Luis Rodríguez Zapatero al asegurarle lealtad en la compra de bonos españoles. Sea por oportunidad política o por conveniencia económica, desde la CEOE se recalca este encuentro como francamente positivo, que ayudará a reducir trabas a la entrada de empresas españolas en China. De hecho, ayer, ambos gobiernos (el español y el chino) se comprometieron a duplicar a corto plazo su volumen de intercambios comerciales, de los 22.000 millones registrados en 2008 a los 40.000 millones en 2011. Sin embargo, mucho más importante sería para los intereses españoles el equilibrio de la balanza comercial dado que, hoy por hoy, España importa a China bienes por un valor siete veces superior a los que exporta.