La zona euro urge a Cowen a zanjar la crisis

Irlanda maniobra in extremis para evitar la intervención de la UE

Durante el pasado fin de semana, Dublín ha negado por activa y por pasiva que necesite ayuda financiera de la Unión Europea. La evolución de los mercados a partir de hoy decidirá si el moribundo gobierno de Brian Cowen puede resistir en su numantina posición o pide socorro a Bruselas para evitar la quiebra del Estado irlandés.

Una sucursal del AIB
Una sucursal del AIB

Los preparativos técnicos del posible rescate de Irlanda ya están en marcha tanto en la Comisión Europea y el Eurogrupo (ministros de Economía de la zona Euro) como en el Banco Central Europeo (BCE), según han admitido tácitamente en los últimos días diferentes autoridades comunitarias que dicen seguir la evolución de la economía irlandesa "al minuto" y "estar preparados" para actuar.

Pero Dublín sigue desmintiendo cualquier solicitud oficial de ayuda, y el primer ministro Brian Cowen se mostraba ayer "furioso", según la prensa irlandesa, ante la descripción del rescate como algo "inevitable". A última hora, el ministerio de finanzas reconocía en un comunicado la existencia de conversaciones "a la luz de las actuales condiciones de mercado".

La paciencia del resto de la zona euro ante el dubitativo Gobierno de Cowen parece agotarse. Fuentes oficiales alemanas, citadas por la agencia Bloomberg, instaron ayer a Dublín a hacer oficial la petición de ayuda mañana mismo, con motivo de la reunión en Bruselas del Eurogrupo. Berlín, según la misma agencia, querría zanjar el problema irlandés para que no interfiera con su plan de crear un mecanismo de rescate permanente que sustituya al actual en 2013

Berlín estaría presionando para activar mañana mismo el rescate

Pero el ministro irlandés de Comercio, Batt O'Keefy, en declaraciones a la televisión irlandesa, pulsó la fibra patriótica para asegurar que Irlanda no va a perder la soberanía "tan duramente conquistada". Fuentes comunitarias también intentaban ayer apaciguar los ánimos insistiendo en que "los irlandeses ni necesitan ni quieren ayuda".

Algunos análisis atribuyen la numantina resistencia irlandesa al temor de Dublín a que la intervención comunitaria obligue a elevar el impuesto de sociedades, mantenido radicalmente bajo para atraer inversión. Bruselas, sin embargo, considera que con o sin rescate, Irlanda tendrá que convertirse en un país con fiscalidad normal. Las dudas sobre la estabilidad económica de la isla han alcanzado tal paroxismo que las maniobras de Dublín para evitar la intervención parecen condenadas a toparse con la incredulidad de los inversores. La reacción de los mercados puede decidir el sino de Irlanda, en vísperas de la reunión del Eurogrupo, y pasado mañana, del Ecofin.

Los ministros analizarán el resultado del comunicado conjunto emitido el pasado viernes por cinco de ellos (los titulares de Francia, Alemania, Italia, España y Reino Unido), en el que se recordaba a los inversores, sin mencionar a Irlanda, que el rescate de un país no conllevará la reestructuración de la deuda. El comunicado relajó de manera inmediata la tensión en la deuda pública de Irlanda y de los países con riesgo de contagio como Portugal o España. Falta por comprobar si su efecto balsámico es duradero o no.

La lucha interna por el poder impide a Dublín decidirse

La debilidad del Gobierno de Brian Cowen, según los analistas, es una de las circunstancias que añade incertidumbre a la situación económica de Irlanda. La lucha por la sucesión de Cowen, que el 25 de noviembre afronta unas elecciones parciales, estaría impidiendo que todos los partidos cierren filas en torno al saneamiento y/o rescate de Irlanda.

Cowen, primer ministro irlandés, al que se describe en Bruselas como "un cadáver político, no ha logrado cerrar a comienzos de este mes, como tenía previsto, un plan de ajuste fiscal a cuatro años valorado en 15.000 millones de euros. Su anuncio de un recorte de 6.000 millones de euros en el presupuesto de 2011 se votará el próxima 7 de diciembre, un plazo que se antoja demasiado lejano para la espiral financiera en la que ha caído el bono irlandés (cuyo interés se disparó la semana pasada hasta el 9,25%).

Bruselas no logra evitar el caos que rodeó el caso griego

Distintas causas, distintas soluciones, pero el mismo caos. Bruselas confiaba en que el rescate de un segundo país de la zona euro no repitiera ante la comunidad internacional el bochornoso espectáculo de improvisación que supuso el salvamento de Grecia. Pero la crisis de Irlanda, aunque presenta más semejanzas con la de Islandia que con la del Estado heleno, ha vuelto a revelar la cacofonía en el seno de la zona euro. Ni siquiera la existencia de un fondo europeo de rescate, que no existía cuando Atenas pidió ayuda, ha evitado la sensación de descoordinación. Fuentes comunitarias atribuyen a Dublín y Berlín la responsabilidad del nuevo desastre de imagen pública de la unión monetaria. A Irlanda, por no haber aprobado todavía un nuevo plan de ajuste. Y a Alemania, por espantar a los inversores con su idea de comprometerles por adelantado a la reestructuración de la deuda.