EDITORIAL

Europa entera se aprieta el cinturón

La crisis económica internacional continúa su difícil andadura en busca de una salida que, a pesar de las señales positivas que llegan de Alemania, se presenta extraordinariamente angosta para los socios europeos. A partir del colapso de la deuda soberana sobrevenido en primavera, un seísmo que ha tenido inquietantes réplicas las últimas semanas, los Gobiernos europeos decidieron tomar el toro por los cuernos y aplicarse a una política de ajuste severo. Lo hicieron, una vez más en la Unión Europa, tras no pocas indecisiones, pero lo importante es que, también una vez más, se han encarrilado por la vía de la política común.

Las medidas de ajuste se han empezado a incluir en los Presupuestos Generales elaborados por los Gobiernos para el próximo año, y en muchos casos afectarán a periodos que llegan hasta 2015. Son, por tanto, planes a largo plazo que saludablemente superan en el tiempo más de una legislatura. Y es que el compromiso es grande. Cuantificado sólo en términos monetarios, los países de la UE planean rebajar su déficit conjunto en más de 300.000 millones de euros. El programa de ajuste presentado por Reino Unido se puede poner el primero de la lista por su inesperada dureza. Con un recorte, centrado sobre todo en la rebaja de ayudas sociales, que supondrá más de 125.000 millones de ahorro en cinco años, es una cura de caballo que, al menos por ahora, no ha tenido una reseñable contestación social. Alemania, con un ajuste cercano a los 80.000 millones en cuatro años, y Francia, donde se quieren ahorrar 40.000 millones sólo en 2011, completan el trípode de las grandes economías de la UE que serán las que mayor ajuste cuantitativo apliquen. Italia y España superan los 20.000 millones en sus respectivos planes, igual que el peor alumno del club, Grecia.

Son ajustes necesarios, gestados en una era de la cigarra que Europa debe pagar ahora. El grueso de las medidas se centra en el gasto y, dentro de éste, en recortes en la función pública. A la vez, varios países también elevarán el IVA. Todo indica que este proceso va a hacer inevitable un periodo de inestabilidad que pondrá a prueba la capacidad de las autoridades políticas comunitarias, pero también las nacionales. La combinación de los ajustes con reformas estructurales está generando un fuerte rechazo social. En Francia, la polémica ampliación de la edad de jubilación ha hecho estallar un conflicto de más calado, larvado hace tiempo en la sociedad gala, pero que es una seria prueba no sólo para París, sino para la UE.

Porque los ciudadanos europeos ven cómo Europa se aprieta el cinturón, pero lo hace en sus cinturas, mientras Estados Unidos opta por seguir apostando por los estímulos a la economía. Si no se sabe explicar bien, esta fuerte discrepancia se convertirá en algo más que una simple diferencia estratégica.