EDITORIAL

Valencia gana atractivo con el nuevo AVE

El primer viaje-prueba con pasajeros del tren de alta velocidad que unirá Madrid-Cuenca-Albacete-Valencia a 330 kilómetros por hora tuvo lugar ayer, aunque la puesta de largo será el 19 de diciembre. La infraestructura, con un total de 438 kilómetros, colocará Valencia a poco más de hora y media con el centro de la Península, lo que hace de la nueva oferta la más competitiva por su escasa duración, imbatible si se considera que llega al corazón de las ciudades a diferencia de los aeropuertos. Falta conocer si el precio de los billetes es igualmente competitivo frente a otros medios como el avión o la red ferroviaria convencional.

La Comunidad Valenciana es una de las zonas españolas más visitadas por el turismo nacional y acortar distancias supone un claro impulso a la región. La nueva línea la acerca a los madrileños y castellano-manchegos, pero gracias a la cada vez más tupida red de alta velocidad también a ciudades como Valladolid, Barcelona, Zaragoza o la mayoría de las andaluzas, todas ellas con AVE. Se comprende bien la alegría de los promotores inmobiliarios de la zona, conscientes de que la estación de Joaquim Sorolla en Valencia aporta un atractivo diferencial a la oferta de la costa levantina. Ojalá suponga un impulso a un segmento fuertemente vapuleado por la crisis, aunque también por un crecimiento desordenado y poco respetuoso con el entorno. Igualmente, se beneficiarán del AVE otros sectores ligados a la amplia oferta turística de la región. Por tanto, tiene sentido económico esta nueva vía de alta velocidad. Además, tampoco es baladí la ventaja que obtendrán los habitantes de la región al reducir la duración de la mayoría de sus desplazamientos hacia numerosos destinos españoles.

Un transporte de calidad es un valor añadido para una potencia turística como España, lo que justifica la inversión de más de 30.000 millones de euros en la creación de las redes ferroviarias de alta velocidad. El trayecto de Levante supondrá 12.400 millones de euros que se transformarán en 955 kilómetros de nuevas vías, pues a los 438 kilómetros hasta Valencia han de sumarse las ampliaciones hasta Castellón, Alicante y Murcia, todas ellas con un peso turístico muy fuerte en sus respectivas economías.

Sin embargo, la rentabilidad económica debe presidir futuros desarrollos. España es el primer país europeo, y posiblemente el segundo del mundo tras China, en kilómetros de alta velocidad. Obras de este calado implican una inversión costosísima. Sería un error caer en la subasta política o en la absurda creencia de que todas las capitales deben contar con su AVE. Por eso, frente al vicio de pedir de alcaldes y presidentes autonómicos de cualquier color político, debe primar la virtud del Gobierno de no dar si no se justifican los proyectos con retornos importantes.