EDITORIAL

Sin disiparse el riesgo de la deuda

La tormenta financiera sobre la deuda soberana sigue activa. Esto debe determinar cualquier decisión de política económica en los socios del euro, pero más en los afectados por unas turbulencias de las que cuesta salir. España, Portugal e Irlanda tratan hace meses de convencer a los inversores de que pueden evitar el destino de Grecia, que pidió el rescate por la UE después de que su déficit se descontrolara y su deuda llegara al nivel de basura. Mientras España ha salido casi del grupo de los peores del euro, el punto de mira se centra ahora sobre Irlanda, donde la situación se agrava por la crisis del Anglo Irish Bank. La incertidumbre en torno a una de sus grandes entidades, que según S&P puede requerir un rescate de más de 35.000 millones, es una vía de agua en la línea de flotación de la deuda irlandesa y el principal motivo para que se desboque aún más su riesgo país. Es obligación del Gobierno irlandés, y paralelamente de las autoridades económicas europeas, tomar medidas urgentes y contundentes que calmen los mercados y eviten que este caso también pase a mayores. Una prueba de que todo se puede desbaratar es que, aunque la confianza insuflada por los test de estrés a la banca recortó el interés en todas las emisiones de deuda española hasta la semana pasada, ha vuelto a subir en las subastas celebradas el pasado día 21 y ayer mismo. O sea, el riesgo sigue sin disiparse.