EDITORIAL

Nuevo orden en el comercio internacional

El nuevo orden económico mundial que saldrá de esta crisis tiene uno de sus componentes clave en los trascendentales cambios en las relaciones de fuerzas del comercio internacional. La consolidación del G-20 como foro multilateral, por encima de los clubes restringidos de los países más ricos, es la prueba institucionalizada de lo que está ocurriendo con los flujos internacionales de mercancías y servicios.

Lo más relevante de este cambio copernicano se manifiesta en que los países emergentes empiezan a desbancar a los desarrollados en la clasificación de los mayores exportadores. En el primer semestre de 2010, y según la Organización Mundial del Comercio, China se ha consolidado como líder y ya hace el 9,6% del total de las exportaciones del mundo. Alemania, que venía encabezando históricamente el ranking exportador, apoyada en la alta calidad y valor añadido de sus manufacturas, ha perdido también su segundo puesto a manos de EE UU. Pero ese avance de la economía más poderosa se basa también en el crecimiento de los emergentes: sus mayores socios comerciales (China y México, además de Canadá) no han sufrido tanto la recesión como las economías occidentales.

Todos los emergentes incluidos en la lista de los mayores exportadores ganan cuota de mercado, mientras que los países de la UE pierden participación en la tarta mundial. Una preocupante estadística cuya explicación es aún más inquietante: los países europeos tienen muy concentradas sus ventas en el resto de socios de la UE, que se han visto fuertemente lastrados por la crisis. Es decir, una endogamia comercial a todas luces poco aconsejable.

Eso se manifiesta claramente en el caso de España, que destina más de la mitad de sus ventas exteriores a cinco países comunitarios: Francia, Alemania, Italia, Portugal y Reino Unido, que han vivido un 2009 en recesión y cuyas economías siguen débiles. Esa escasa diversificación ha restado cuota exportadora (del 1,79% a un 1,67%) y un puesto en la clasificación a favor de Taiwán. Es el tercer año consecutivo de caída de la cuota española y muestra una debilidad estratégica que urge reparar, porque aumenta el riesgo de pérdidas en fases de menor actividad e incrementa la falta de competitividad frente a emergentes con costes y precios inferiores. Y es que esa pérdida de cuota se produce pese a que las exportaciones han crecido un 17,7% en el semestre.

En su reciente y acertada gira por China y Japón en busca de inversiones, pero sobre todo de clientes del made in Spain, el presidente del Gobierno dejó claro que sólo las exportaciones sacarán a España de la crisis. Es cierto, pero para ello las empresas españolas tienen que estar convencidas de lo imprescindible que es acometer procesos de internacionalización. Y no sólo las grandes, muchas de las cuales ya están decididamente en ese empeño, sino también las pymes.