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General Motors opta por acelerar ante la curva

General Motors opta por acelerar ante la curva
General Motors opta por acelerar ante la curva

General Motors presentó el miércoles por la tarde su anticipado folleto inicial de OPV con el que la compañía de Detroit, una vez saneada, quiere volver a los mercados. De momento, el fabricante del Buick y la matriz de Opel, no ha profundizado en detalles sobre esta oferta que tiene desde hace días a muchos analistas dudando si es necesario que la automovilística acelere este proceso de vuelta al parqué cuando aún quedan muchas curvas que sortear en su camino a la recuperación sostenible.

El folleto, de algo más de 700 páginas, carece de detalles porque buena parte de las decisiones sobre la salida a los mercados le corresponde tomarlas al Tesoro, esto es, al Gobierno de EE UU tenedor del 60,8%. El ejecutivo de Washington, el Gobierno de Canadá (con el 11,7%), el fondo que gestiona las prestaciones sociales del sindicato UAW (con el 17,5%) y los bonistas de la empresa antes de suspender pagos (que tienen el 10%) son los dueños de la automovilística. Esta particular estructura de capital nació, no sin una controversia política que aún no ha cesado y es clave, después de que la empresa recibiera 50.000 millones de dólares de ayudas públicas para afrontar con éxito el proceso de suspensión de pagos tutelado del que emergió el verano pasado en apenas un mes.

El precio, la cantidad de acciones comunes y la fecha de salida están en el aire. Se espera que tanto el Gobierno como el fondo de la UAW coloquen parte de su participación en acciones comunes y el Estado pierda así la mayoría. La propia GM emitirá acciones preferentes.

El aún presidente de GM ha mostrado mucha prisa por rebajar el porcentaje del Estado

El Tesoro ha dicho que tomará la decisión de cuándo, a qué precio y cuánto venderá en el futuro dependiendo de la marcha de los mercados. La empresa cotizará en la Bolsa de Nueva York y en la de Canadá. Lo que se espera es que esta oferta de venta se materialice a fin de año y que pueda captar entre 10.000 y 15.000 millones de dólares. Los analistas creen que para que los contribuyentes americanos recuperen el dinero que el presidente de EE UU, Barack Obama concedió a la empresa a cargo del TARP (el fondo de ayuda a la banca), la capitalización de la compañía debe llegar a los 70.000 millones de dólares, una cifra que GM dejó atrás hace tiempo.

Curiosamente, hay una General Motors cotizando en Bolsa actualmente pero ésta no es la empresa que fabrica el Cadillac sino el remanente de la vieja GM que se quedó en el tribunal desde 2009 con todos los activos que no se consideraban viables y que están en proceso de liquidación.

Vuelta a la confianza

El hecho de que GM quiera poner en marcha su OPV cuanto antes, la segunda más grande en EE UU tras la de Visa, se presenta desde la compañía como una muestra de que la estrategia tras la suspensión de pagos ha funcionado y merecen ser acreedores de una renovada confianza. Las cifras de los dos últimos trimestres revelan una vuelta a la rentabilidad y, en concreto, en el segundo los beneficios fueron de 1.300 millones de dólares. La compañía no ha tenido que cerrar fábricas este verano, como lleva siendo norma en los últimos, para reducir inventarios. A junio de este año, y según las cifras que ha proporcionado a la SEC, el regulador de los mercados, sus fábricas están al 93% de capacidad.

Debido a que en la suspensión de pagos se deshizo de buena parte de costes de las prestaciones sociales (que se trasladaron al fondo creado para el sindicato), GM no necesita ya vender ingentes volúmenes para ser rentable.

Aunque la mejora es notable, algunos analistas creen que hubiera sido mejor esperar y comprobar que los números serán negros durante más de dos trimestres, máxime cuando el propio Chris Liddell, su director financiero, explicó la semana pasada que no se podían esperar en los próximos trimestres cifras como las de hasta ahora.

En su folleto, la empresa se hace eco de algunos riesgos y algunos pueden trasladarse a la cuenta de resultados como las condiciones económicas, las difíciles circunstancias de su filial europea, su capacidad para seguir rebajando costes o teniendo compradores, la posible dificultad que tengan para atraer talento a alto nivel dado los recortes en los salarios o los problemas que les plantee su fondo de pensiones. Uno de los riesgos es la experiencia de sus gestores. Solo hace una semana, cuando se esperaba el folleto, cuando GM presentó un nuevo consejero delegado, Daniel Akerson, el cuarto en 18 meses y el segundo procedente del sector de las telecomunicaciones y no conectado con la automoción.

Dennis Virag, fundador de Automotive Consulting en Detroit, fue uno de los primeros que ha manifestado, en Bloomberg TV, que el momento de salida a Bolsa puede ser malo por la situación económica y en los mercados y la incertidumbre generalizada por más que GM pueda confiar en mercados fuertes como Brasil y China para su crecimiento.

Virag tocó una de las cuestiones claves de esta situación, una vez que dijo que le habría gustado ver una mayor continuidad en la gestión de la compañía. La otra es que GM acelera la OPV por motivos políticos, para demostrar que puede pagar a los contribuyentes, que la estrategia de la Administración de Obama de salvar a la empresa no sólo fue una buena idea desde el punto de vista económico, porque evitó una debacle laboral, sino también financiera porque es rentable.

Ed Whitacre, el presidente saliente, no hace más que repetir que no quieren ser considerados Government Motors y el mes pasado Obama visitó Michigan para defender su discutida política de intervención en un momento muy difícil políticamente y dominado en este sentido por las elecciones para la crucial reforma del Congreso en noviembre. El Tesoro no ha hablado de fechas y no se espera que la OPV sea un hecho en noviembre, pero el camino político para que Government Motors se convierta definitivamente en General Motors se disipa por muchos curvas que le queden por delante.