EDITORIAL

Un sistema sano incluso en el peor escenario

El sistema bancario español ofrece confianza máxima aunque la economía española tenga que enfrentarse en los próximos 18 meses a unas condiciones de adversidad extrema. æpermil;sta es la primera gran conclusión de los resultados de las pruebas de resistencia a las que el Banco de España ha sometido a todos los bancos y cajas españolas, y que debería servir por sí sola para devolver la confianza a los mercados financieros en el entramado bancario español, que ha estado puesto en solfa en los últimos meses como consecuencia de los pobres desempeños esperados para el crecimiento español y la alta concentración de riesgo en las actividades inmobiliarias. Aun en un escenario de riesgo mucho más extremo que el aplicado en el resto de los países europeos, que contiene un descenso acumulado del PIB del 2,6% este año y el que viene, una pérdida de valor de los activos inmobiliarios de más del 30% desde que se inició la crisis e hipótesis muy severas en las carteras de deuda soberana, todo el sistema bancario español acumularía un deterioro de activos hasta niveles cercanos a la irrecuperabilidad de 207.000 millones de euros (más del doble del crédito en mora actual), y que supondría sólo el 7,3% de sus activos totales.

Pero tal posibilidad, altamente improbable, permitiría mantener a los bancos y las cajas españolas un Tier 1 (ratio de capital básico) del 8,3% en diciembre de 2011, cuando las autoridades comunitarias han exigido un valor del 6% para considerar solvente a una entidad. Los bancos y cajas españoles tienen reservas para hacer frente a un tercio de tales pérdidas hipotéticas, y generarán recursos para absorber otro 50% adicional si fuese preciso. Cierto es que no todas las entidades tienen una solvencia homogénea, y que cuatro grupos de cajas de ahorros y Cajasur, recientemente intervenida y vendida, precisan inyecciones de capital para salvar el umbral exigido por la Unión Europea. Pero el capital adicional que requieren es de sólo 2.043 millones de euros, y que contabilizando la recapitalización ya realizada con los recursos del Fondo de Garantía de Depósitos y el Fondo de Rescate, llegará a los 16.192 millones de euros, el 1,6% del PIB. El riesgo del sistema financiero está, pues, conjurado.

Dejarse llevar por las cuantificaciones que apuntan a que de las siete entidades europeas que suspenden los test de estrés, cinco son españolas (incluida Cajasur cuyo problema está resuelto), es engañoso. Es cierto numéricamente, pero no cualitativamente, ya que España es el único país que ha sometido a las pruebas de resistencia a todo su sistema financiero y con el escenario de adversidad más crítico de Europa, mientras que el resto de países sólo ha examinado a las entidades de mayor tamaño que supongan el 50% de su sistema bancario. Todos los bancos cotizados españoles superan las pruebas, con una holgura directamente proporcional a su tamaño, y la inmensa mayoría de las cajas tienen capital para resistir auténticos asedios a la economía.

El ejercicio de transparencia conducido por el Banco de España debe despejar las dudas que existían sobre la banca española, así como los recelos sobre el resto de la banca europea tras los test publicado por el Comité de Supervisores Bancarios Europeos. También debe provocar que la desconfianza que había secado los mercados de liquidez y crédito se evapore lentamente, y que se restablezca la normalidad, ese estado natural que se resquebrajó hace tres años y que ha tenido a los mercados en vilo, lo que ha metido al mundo en recesión y que ha costado millones de empleos.

A partir de ahora, los comportamientos de los inversores y los acreedores de la banca, las empresas, las familias y las Administraciones públicas españolas deben obviar el componente especulativo de los últimos meses amparado en el temor y la desconfianza, para valorar únicamente las posibilidades de crecimiento de la economía. En los meses transcurridos del año, tal como comentó el viernes el gobernador del Banco de España, se han dado pasos fundamentales para restablecer la normalidad y el crédito en la economía: control presupuestario, transparencia en los balances de los bancos, recapitalización de las cajas y reformas estructurales urgentes, como la laboral. No se producirá de un día para otro; pero si las reformas no cesan y se hacen en profundidad, es cuestión de meses.