A fondo

Panrico y el arte de la alquimia

El dueño de Donuts tendrá que hacer frente a la creciente marca blanca.

Panrico y el arte de la alquimia
Panrico y el arte de la alquimia

Cambio de propietarios, caras nuevas en el consejo de administración, recetas reinventadas, nuevos productos y vocación de ser una de las empresas de alimentación más rentables del panorama alimentario español. Sobre la mesa, parece la ecuación perfecta que permitiría a Panrico convertirse en una de las pocas empresas del sector en España que logre desembarcar en la Bolsa madrileña en los próximos años. Pero, una vez más, no es oro todo lo que reluce.

Panrico asumió el lunes que sus bancos acreedores -más de un centenar- van a tomar el control casi absoluto de su capital después de que su hasta ahora propietario, el fondo de capital riesgo Apax Partners, no fuese capaz de cerrar la refinanciación de su deuda. Una vez se cierren los términos del acuerdo, los acreedores convertirán en capital sus préstamos y reducirán la deuda desde 605 millones de euros hasta 350 millones. Una cifra que, a juicio de la dirección encabezada por César Bardají, le dotará de un margen de maniobra lo suficientemente amplio como para crecer tanto por vía orgánica como a través de adquisiciones.

Pero el desembarco de las entidades financieras en Panrico (entre ellas los principales bancos españoles) también presenta incertidumbres. Aunque la gestión de Apax en Panrico no ha cumplido las expectativas que la firma de inversión británica generó en 2005 cuando desembarcó en Panrico, sí que ha supuesto un continuo respaldo financiero. De hecho, el fabricante de Donuts ha asumido en los últimos años que Apax ha tenido que salir al rescate inyectando nuevos fondos propios para evitar que el grupo tuviera en negativo su patrimonio neto.

Unas inyecciones de liquidez a las que los bancos pueden ser mucho más reacios, más aún si la situación de los mercados financieros no mejora en los próximos años. De esta forma, si los bancos que van a controlar Panrico no abren el grifo y ejercen un control más férreo sobre las finanzas del grupo de alimentación, probablemente sus planes de expansión tendrán que ser medidos al milímetro.

Sin embargo, su consejero delegado se mostraba optimista. El mismo lunes apuntaba que los nuevos propietarios "darán músculo financiero" y que, pese a la crisis, existen en el mercado oportunidades de crecimiento. Prácticamente el mismo mensaje que ha mantenido hasta ahora la empresa barcelonesa. No hay que olvidar que, en los últimos años, Panrico ha sido una compañía activa en materia de compras. La última, la adquisición de una marca tradicional como La Bella Easo. Antes, en 2008, pagó cerca de 60 millones por el negocio galletero de Kraft, que le permitió hacerse con marcas como Marbú, Chiquilín o Filipinos. Un negocio atractivo pero que debe enfrentarse a un adversario feroz que cada vez gana más terreno: la marca blanca. La enseña de los distribuidores no es sólo un problema exclusivo de Panrico, sino de todas las empresas alimentarias, pero su creciente cuota de mercado y la preferencia que suscita por parte de los consumidores hacen difícil rentabilizar la adquisición de marcas de alimentación. O, al menos, lo retrasa.

Tampoco hay que olvidar que las posibles adquisiciones que pueden interesar a Panrico en España son reducidas ya que su sector está dominado por multinacionales como Sara Lee o Kraft. Una circunstancia que puede llevar al popular fabricante de pan de molde a mirar fuera de su país de origen si quiere tirar de talonario.

Panrico también puede cambiar el paso de su estrategia comercial para dejar de ser una empresa marquista y adentrarse en la producción de marca blanca. Una opción que, al menos hasta ahora, no estaba dentro de sus preferencias.

Los nuevos propietarios de Panrico además han lanzado un mensaje de respaldo a la gestión de César Bardají que desembarcó en la compañía el pasado año en sustitución de Joan Cornudella. Ha implantado una gestión continuista, pero con nuevos actores. Las entidades financieras quieren renovar el consejo de administración con nombres independientes. Unas incorporaciones que reforzarán la dirección de Panrico, si bien al mismo tiempo les permitirán ejercer cierto control sobre las decisiones que tome el grupo en los próximos años. Por ejemplo, la entrada de nuevos accionistas.

La empresa reconocía el lunes que el desembarco de las entidades financieras no conllevará la renuncia a la entrada de nuevos inversores. Esta opción puede ser promovida por los propios bancos ya que así podrían reducir su presencia en Panrico antes de que la compañía salga a Bolsa. A priori, las más interesadas en entrar en el capital del grupo serían, de nuevo, firmas de inversión. Algunas de ellas, como Permira, ya han sonado en los últimos meses como candidatas a entrar en el accionariado.

Al margen de futuros inversores, el principal desafío de los nuevos dueños de Panrico es su colocación en el parqué, que se llevará a cabo previsiblemente en 2015. Pero hasta que llegue ese día, la compañía tendrá que dar un gran salto tanto en dimensión como en resultados.

Sus previsiones para este año apuntan un resultado bruto de explotación (Ebitda) de 50 millones de euros, una cifra reducida a la hora de cotizar.

César Bardají adelantaba que el grupo tiene planes de crecimiento de cara a los próximos meses que le hacen ser "optimista". De hecho, los bancos van a inyectar 30 millones como muestra de confianza.