A fondo

...Y Goliat venció a Goliat

La batalla entre Telefónica y Portugal Telecom era la historia de dos empresas guerreando frente a frente, con las armas del dinero, los proyectos corporativos y los inversores como argumentos. El trofeo era Vivo, la joya de la corona de las operadoras latinoamericanas, el líder del mercado de móvil en Brasil, el país con mejores perspectivas de crecimiento y potencial en la telefonía celular.

Pero no era una lucha entre iguales. Telefónica es la cuarta operadora del mundo por valor bursátil, con una capacidad financiera fuera de lo común en un momento de crisis mundial y con un arsenal de abogados y financieros dispuestos a machacar al enemigo. Goliat en sus mejores momentos, con una chequera dispuesta a responder a cualquier cifra. Portugal Telecom era más bien David y como tal planteó la pelea. No podía atacar, ni prometer a sus accionistas sumas millonarias a cambio de su apoyo. Buscó sus fuerzas donde podía encontrarlas. No prometió nada que no pudiera cumplir, reconoció sus debilidades donde las tenía y pidió confianza en ellos. Contrarrestó cada paso de Telefónica con argumentos, con la contundencia de los papeles y los hechos.

Tras el primer rechazo de espaldas a los accionistas, la segunda oferta de Telefónica les hizo cambiar. Dieron voz los inversores y jugaron sus cartas. En ningún caso querían vender Vivo, pero mejor morir matando y conseguir para sus accionistas el mejor precio. Lograron desquiciar a Telefónica y vencieron. La primera oferta era de 5.700 millones, la segunda de 6.500 millones. Ambas fueron definidas como "finales". Pero hubo una tercera. En la medianoche del martes al miércoles, a once horas del comienzo de la junta crucial, la española volvió a subir su envite: 7.150 millones.

TELEFÓNICA 6,27 -1,03%

Portugal Telecom consiguió un precio que supera en 770 millones de euros el valor en Bolsa de toda la operadora portuguesa antes de la primera oferta. A los precios actuales -subida de cotización incluida-, es mucho más del doble de lo que vale en el mercado la parte que PT tiene de Vivo.

La guerra era desigual, pero Portugal Telecom estuvo muy cerca de ganar. Si perdía podía marchar con la cabeza alta. Había luchado y había conseguido una oferta con la que muchos no se hubieran atrevido a soñar..., y menos en un momento de tantas necesidades de capital de empresas, bancos, inversores y Estados.

"Ahora les toca hablar a los accionistas. Respetaremos su decisión, sea cual sea", fueron las palabras Zeinal Bava, máximo ejecutivo de Portugal Telecom, antes de la junta. En ese momento, llevaba casi dos meses viajando por el mundo para convencer a los accionistas, sin dormir apenas, en una búsqueda incansable de apoyos para preservar su empresa de la pérdida de su mejor activo. Un gesto cargado de dignidad.

Pero había un enemigo mayor que Telefónica. Nadie se lo tomó en serio, nadie quiso creer que fuera capaz de irrumpir en escena. Lo hizo. Portugal ha manchado con un solo movimiento décadas de credibilidad de sus empresas y de los gestores que las representan. No cumplió la voluntad de Bava, ni de los accionistas, algunos de ellos portugueses, de la mayor compañía del país. El uso de la acción de oro es un revés para Telefónica, si bien la española no es la única damnificada. Portugal va primero.