A fondo

El mercado interbancario, otra vez roto

La última oleada de la crisis financiera es tan virulenta que parece una simple continuación del crac vivido tras la quiebra de Lehman. Como si los brotes verdes o la vertiginosa recuperación de las Bolsas hubiesen sido un espejismo. Y, aunque la situación no es tan dramática -al menos, no viene totalmente por sorpresa-, la parálisis de los mercados de dinero también es casi total. El interbancario se ha secado, y la prueba más palmaria quizá sean los 361.000 millones que los bancos europeos depositaron en el BCE el viernes pasado, un máximo histórico y 55.000 millones más que hace una semana, a pesar de que el tipo de interés es prácticamente nulo. Un 0,25%, pero aun así los bancos prefieren dejar su exceso de liquidez en el BCE que prestárselo.

En realidad, el préstamo interbancario clásico, en el que un banco presta a otro un tipo de interés determinado a distintos plazos, lleva varios años sin funcionar como debiera. Se cerró tras el crac de Lehman Brothers, cuando las entidades no se fiaban unas de otras. Pero después siguió seco, porque entonces pasaron a ser los bancos centrales -la Fed, el BCE, el Banco de Inglaterra- quienes suministraban liquidez a las entidades financieras. Según Bloomberg, los préstamos entre bancos comerciales de EE UU han pasado de 494.000 millones de dólares antes del crac de Lehman a 153.000 millones.

Por eso la tensión financiera no se ha trasladado a los tipos interbancarios como el líbor o el euríbor. Este último apenas se ha movido en las últimas semanas, -el de tres meses ha pasado del 0,63% en abril al 0,71%- y, aunque el líbor en dólares sí ha aumentado desde marzo -del 0,25% al 0,54% el de tres meses y del 0,16% al 32% el intradiario-, aún está a años luz de las oscilaciones de 2008, cuando pasaba de 2% al 6,5% en un día.

Los expertos piden que el BCE amplíe las líneas de liquidez, pues el día 1 vence una de 440.000 millones

Sin embargo, la banca europea, además de utilizar las facilidades de financiación del BCE, sí ha seguido utilizando el mercado interbancario de repos. En éste, un banco presta dinero a otro con un activo como garantía colateral, normalmente un bono o una letra de deuda soberana. Pero en las últimas semanas, y de la mano de la crisis de la deuda, este engranaje también ha empezado a encasquillarse. "Los tipos de interés a un día han pasado del entorno del 0,3% al 0,5%, y cada vez se hacen menos operaciones", explica José Carlos Díez, economista jefe de Intermoney. La semana pasada, el presidente de Banco Pastor, José María Arias, advirtió que los bancos internacionales estaban prestando a España al 1%, mientras que la media a nivel mundial es del 0,3%.

En este contexto, y como ya sucedió anteriormente en esta crisis, el único recurso de financiación de los bancos comerciales es el BCE. En la subasta de liquidez de esta semana han acudido 96 bancos de la zona euro, cuando a mediados de abril eran 67. Algo que, como destacan los analistas, no tendría mucho sentido de haber fuentes de liquidez alternativas, teniendo en cuenta que esta financiación tiene un tipo del 1% y el interbancario es inferior.

Además, el 1 de julio expira la última línea de crédito a un año que puso en marcha el BCE durante la crisis. Un vencimiento de nada menos que 442.000 millones. En principio, los expertos esperan que el banco compense este extraordinario drenaje de liquidez. "Esperamos que se introduzcan medidas para mitigar las tensiones del mercado. Es verosímil que se expanda la línea a tres meses o que se introduzca otra a seis", comenta Citi en un informe reciente.

"Deberían enviar una señal clara al mercado y ampliar la línea de liquidez a seis meses, no sólo tres, para que la tensión en los bancos no sea tan aguda", explica José Carlos Díez. "Pero la prioridad es recuperar la normalidad en los mercados de repo de deuda pública a un día, donde el BCE debe apagar el incendio por inundación".

Además, en las últimas semanas el banco ha ralentizado las compras de deuda soberana, y Alemania no ha dejado de expresar su oposición a esta práctica, lo que ha acelerado el crac de la deuda periférica. "El riesgo es que una vez que el BCE deje de comprar bonos la rentabilidad de la deuda periférica se dispare", dice Société Générale. Asimismo, las operaciones con las que retira liquidez del mercado para compensar estas recompras de deuda son un tanto contradictorias. "Es evidente que los objetivos de ofrecer exceso de liquidez y al mismo tiempo esterilizar las compras de bonos son medidas que pueden llegar a colisionar", explican desde Société Générale.

En este contexto, la reunión de este jueves del BCE es trascendental para la zona euro. A medida que la crisis de deuda soberana muta en crisis de financiación de los bancos, sus efectos potenciales sobre la economía se elevan exponencialmente. Aunque el BCE amplíe las líneas de financiación, si el mercado interbancario no se recupera, el crédito que conceden los bancos no crecerá, pues un banco cuya financiación dependa sólo de la política monetaria se resistirá a prestar dinero a sus clientes. Y una severa contracción del crédito combinado con unos planes de austeridad draconianos es un escenario de pesadilla.