EDITORIAL

El BCE debe desatascar el interbancario

Cuando van a cumplirse tres años de abierta crisis financiera, el primer fenómeno que se manifestó y puso en riesgo la financiación de la economía, la desconfianza radical entre los bancos, no ha desaparecido. El miedo que se desató entre las entidades financieros a prestarse dinero por temor a que un balance minado por productos subprime, fuesen subyacentes o derivados, provocase la pérdida del préstamo, sigue atenazando el mercado. Como en el verano de 2007, no hay problema de liquidez, que la hay a mares, sino falta de confianza en el primer eslabón de la cadena de financiación de la economía. Aunque en los años pasados se había reanimado ligeramente, con pequeñas operaciones de carácter poco más que local, en realidad ha sido el BCE quien no ha dejado de ser el suministrador de liquidez de único recurso.

Pues bien: la metástasis que las hipotecas subprime y sus derivados inocularon el sistema financiero mundial en 2007 y 2008, ha sido sustituida ahora por unos títulos de deuda pública sobre cuyos emisores recae la sospecha, generalmente infundada, de que pueden ser malos pagadores. Como además la banca en todo el mundo, y la europea también, han comprado bonos públicos a espuertas los últimos años por considerarlos valores más seguros que el crédito a la actividad económica, la desconfianza se ha generalizado con la crisis de la deuda. Y lo ha hecho hasta el punto de que el mercado de operaciones interbancarias está seco, cerrado, como seca está la demanda de crédito. Las entidades encuentran más seguridad en depositar su disponibilidad de liquidez en la facilidad marginal de depósito del BCE, remunerada al 0,25%, que en un interbancario con desconfianza al 1%. Así, los bancos europeos tenían ayer una cifra récord de dinero confiada a la caja del banco central en Fráncfort en operaciones a un día: 360.000 millones.

Y las entidades que tengan necesidad de renovación de sus líneas de liquidez no tienen más remedio que exprimir como lo hacen la captación gravosa de ahorro de particulares, o recurrir al grifo del BCE, que ha optado por comprar títulos de deuda soberana, además de admitir prácticamente como colateral cualquier activo bancario.

Esto ocurre en toda Europa. Pero la desconfianza hacia España crece en paralelo a como lo hace la prima de riesgo, que ayer se acercó a 2,2 puntos, y los bancos españoles tienen cada vez más obturado el grifo de la financiación, en un mercado en el que se ha cerrado la puerta de emisiones avaladas por el Tesoro. Reconstituir la confianza en la economía llevará trimestres de reformas y sacrificio. Pero mientras tanto, y por la importancia de lo que está en juego en Europa, nada menos que la supervivencia del euro, el BCE debe abrir todas las ventanas de la liquidez, comprando deuda pública sin prejuicios, como lo hizo la Reserva Federal en sus crisis bancaria. Es su responsabilidad.