Tensión en las finanzas europeas

Gastos e ingresos, la brecha que no cesa

Mientras la recaudación va según lo previsto, los costes del Estado amenazan con dispararse.

El mayor problema de España junto al paro se puede definir fácilmente con una simple resta: el Estado gasta mucho más dinero del que ingresa. Y, precisamente por eso, los mercados internacionales y las agencias de rating recelan de la deuda española, lo que encarece los costes de financiación.

El reto del Gobierno pasar por incrementar los ingresos y recortar los gastos. Una parte de los deberes parece que va en la dirección correcta. En el primer trimestre, la recaudación tributaria se incrementó un ligero 0,8% después de desplomarse en 2008 y 2009. Un repunte importante aunque falta por ver si la tendencia se mantendrá.

Con todo, la tarea más ardua que tiene por delante el Gobierno es recortar los costes. Buena parte de los gastos del Estado están ya comprometidos y, por tanto, a salvo de cualquier tijeretazo presupuestario. Así, el Ejecutivo deberá destinar, como mínimo, unos 32.000 millones de euros en pagar las prestaciones por desempleo. Cifra que podría incrementarse si la tasa de paro prevista para el Gobierno en 2010, del 19%, peca de optimista. De momento, en el primer trimestre ya se ha superado ese umbral.

Por otro lado, los gastos de personal, lejos de reducirse, ya sufrieron un incremento del 13% en los tres primeros meses del año. Si bien el Gobierno argumenta que parte de los costes derivan de obligaciones contraídas en 2009, lo cierto es que existen muchas dudas de que el Ejecutivo pueda reducir en un 4% este partida hasta 2013 como prevé el plan de austeridad. Entre otras cosas, porque Moncloa descarta rebajar o congelar el salario de los empleados públicos. Y, si a ello, le añadimos el encarecimiento de la financiación, parece poco factible que la brecha entre ingresos y gastos se reduzca sensiblemente este año. Sólo en el primer trimestre, el Estado gastó un 8% más de lo que ingresó.

Con la subida de impuestos no basta

La subida de impuestos aprobada para este año -aumento del IVA, eliminación parcial de la rebaja fiscal de 400 euros e incremento de la fiscalidad sobre el ahorro, entre otros- aportará a las arcas públicas unos ingresos adicionales de 6.500 millones en 2010 y 4.450 millones en 2011. Una cantidad importante que, sin embargo, empequeñece al compararse con el déficit público, que alcanzó los 117.000 millones de euros en 2009, un 11,2% del PIB. Un nivel nunca visto.

El deterioro económico se ha extendido por todas las administraciones -central, autonómica y local-, cuyos responsables han optado, en la mayoría de casos, por elevar los impuestos o crear nuevas tasas. Sin embargo, la eficacia de cualquier aumento impositivo pasa por la recuperación de la economía. Así, elevar el tipo general del IVA del 16% al 18% no surtirá los efectos esperados si la demanda y el consumo no se recuperan. Y el paro no se reduce, los ingresos derivados del IRPF, el mayor impuesto por recaudación, no subirán.

El Gobierno asegura que no se plantea la posibilidad de elevar más los tributos, aunque será el devenir económico el que marque la pauta fiscal del Ejecutivo. Si las medidas tributarias planteadas hasta ahora no logran los objetivos esperados no debe descartarse que los contribuyentes sufran un nuevo aumento fiscal.