Tensión en las finanzas europeas

S&P pone en duda las previsiones del Gobierno y rebaja el rating de España

Los malos augurios se cumplieron y Standard & Poor's (S&P) rebajó ayer la calificación de la deuda española a largo plazo, que pasó de AA+ a AA sin signo positivo. La agencia argumenta que las previsiones del Gobierno pecan de optimistas y vaticina que la economía crecerá sólo un 0,6% entre 2010 y 2013. Una cifra alejada del 1,9% que espera el Gobierno.

Los signos de recuperación que observa el Gobierno no impidieron que ayer S&P rebajara por segunda vez desde enero de 2009 el rating de la deuda española. Además, España mantiene la perspectiva negativa, lo que implica que es posible que sufra más recortes a lo largo del año. Para la compañía, el plan de austeridad que el Gobierno envió a principios de año ya es papel mojado. S&P prevé que España tendrá más paro, menos ingresos y más gasto que el vaticinado por el Ejecutivo. Ello impedirá, siempre según la compañía, alcanzar el déficit del 3% en 2013 que establece el plan de austeridad.

La deuda pública, por su parte, se situará según la agencia sobre el 87,5% del PIB, más de 13 puntos por encima de la cifra que baraja Economía. El tiempo determinará quien lleva razón. Si bien el Ministerio de Economía recuerda que la agencia no es infalible, los mercados suelen fiarse más de ellas que de los datos que aparecen en los Presupuestos.

La rebaja supone un duro golpe para la economía española en la medida que los inversores toman sus decisiones influenciados por las valoraciones de las agencias de rating. Sin ir más lejos, el anuncio del martes de recortar la nota de Portugal y equiparar la deuda griega al bono basura desencadenó una tormenta en los mercados europeos.

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Una rebaja de la calificación significa encarecer la deuda porque los inversores extranjeros, previsiblemente, reclamarán un mayor tipo de interés a la hora de comprar deuda pública. Sin embargo, ayer la prima de riesgo -la diferencia entre el bono alemán y el español a diez años- bajo de los 125 a los 110 puntos básicos, ya que el mercado, de momento, focaliza sus temores sobre todo en Grecia. Además, como apunta José Carlos Díez, economista jefe de Intermoney, el bono español podría sufrir las consecuencias del recorte del rating hoy en la medida que la noticia se conoció muy pocos minutos antes de cerrar el mercado.

El Estado central tiene previsto acudir al mercado en busca de 200.000 millones de euros este año, la cifra más alta de la historia. Así, cualquier modificación de los intereses tiene un efecto directo sobre los gastos del Estado. Y la deuda que hoy se vende no es otra cosa que el déficit del futuro. El Gobierno se ha visto obligado a incrementar la emisión de letras, bonos y obligaciones -cuya vida media alcanza los 6,3 años- para financiar las medidas anticrisis.

Gregorio Izquierdo, director del Servicio de Estudios del IEE, considera que el mercado ya descontaba la rebaja de la calificación y defiende que la decisión de S&P debe servir de acicate para elaborar un plan de austeridad mucho más ambicioso y acometer reformas estructurales en el mercado de trabajo. El analista de S&P Marko Mrsnik asegura que "las condiciones económicas de a medio plazo añadirán más presión sobre las cuentas públicas de España, por lo que serán necesarias medidas adicionales para respaldar la estrategia de consolidación fiscal y las reformas estructurales planteadas. Es decir, para S&P, el plan de austeridad del Gobierno, que prevé recortar 50.000 millones de euros hasta 2013, se queda corto y el mercado laboral es demasiado rígido. De hecho, la agencia prevé que la tasa de paro alcance el 21% este año, cuando el Gobierno mantiene que será del 19%.

Además, la mayoría de analistas, al igual que S&P defienden que los planes del Gobierno no son suficientes para cumplir con el Pacto de Estabilidad de la UE. España mantiene el tercer mayor saldo fiscal de la zona euro (11,2% del PIB), por detrás de Irlanda y Grecia.

A pesar de que el martes S&P también rebajó el rating de Grecia, cualquier comparación resulta a día de hoy exagerada. Mientras que la deuda griega ya tiene la consideración de bono basura, España se mantiene aún entre los países con un "alto nivel" de hacer frente a sus obligaciones de pago. El propio analista de S&P aseguró que la situación de España dista mucho de Grecia e, incluso, de Portugal, ambos países con peor nota financiera. Además, Fitch y Moody's mantienen la máxima calificación crediticia para España, la deseada triple AAA, que S&P le otorgó en 2004 y quitó en enero de 2009. Ficht afirmó ayer que no hay motivos para rebajar la actual nota.

Por otra parte, S&P recortó también la calificación crediticia del Instituto de Crédito Oficial (ICO) y de la Corporación de Reservas Estratégicas de Productos Petrolíferos (Cores). La agencia argumentó la decisión por las mimas razones que rebajó la deuda del Estado. La menor calificación del ICO y de Cores (que también ahora se quedan en AA con perspectiva negativa) se explica por la debilidad económica de España va a prolongarse, lo que también va a mermar su posición fiscal.

Por otra parte, la agencia también anunció ayer el recorte de la calificación de la deuda de la ciudad de Barcelona desde AA+ hasta AA, con perspectiva negativa. Así, la capital catalana tiene el mismo rating que el Estado. En cualquier caso, Lorenzo Pareja, analista de S&P defiende que la ciudad "será capaz de absorber el impacto de la recesión económica española sin un deterioro grave de su deuda e índices presupuestarios". La situación de Madrid, por su elevada deuda municipal, es más preocupante y la semana pasada perdió la doble A.

El Ejecutivo limita el impacto del recorte

El Gobierno reaccionó ayer con cierto estupor ante la decisión de la agencia de calificación Standard & Poor's (S&P). El secretario de Estado de Economía, José Manuel Campa, se mostró sorprendido por el recorte de la calificación de la deuda y auguró que el impacto que probablemente tenga sobre los mercados financieros será limitado. "Esta agencia no deja de ser un agente del mercado cuyas estimaciones están alejadas, por cierto, de las emitidas por otros analistas y organismos internacionales", recalcó.

Campa señaló además que la rebaja de la nota se basa en unas perspectivas de crecimiento a largo plazo "muy bajas, fuera del rango de análisis que ahora estamos manejando".

Por su parte, la vicepresidenta primera del Gobierno, María Teresa Fernández de la Vega, quiso enviar una mensaje de confianza a la ciudadanía y de tranquilidad a los mercados. "España está haciendo bien los deberes y actuará con rigor frente a las dificultades", señaló.

Las reacciones a la decisión de S&P desde otras formaciones políticas no se hicieron esperar. El portavoz de Economía del PNV, Pedro Azpiazu, aseguró que la rebaja era una "mala noticia esperable y supone lo menos que podía pasar tras las noticias de los últimos días en los mercados", por lo que reclamó a todas las formaciones políticas "unidad para traer serenidad a los mercados con reformas de verdad y profundidad".

Por su parte, el diputado de IU Gaspar Llamazares calificó la rebaja como una maniobra especulativa e interesada, "que lo único que persigue es que la crisis la paguen los ciudadanos y no el sistema financiero, que es el que realmente ha provocado la recesión".