EDITORIAL

Cautela ante la mejora inmobiliaria

En febrero se vendieron en España 41.000 viviendas, un considerable aumento del 18,7% respecto al mismo mes del año pasado, según la estadística publicada ayer por el INE. El dato resulta especialmente esperanzador. Se trata del segundo mes consecutivo de crecimiento en ventas, tras el discreto 2,1% de enero que sirvió para cambiar la tendencia a la baja. Sin desdecir la bondad de las estadísticas de enero y febrero, resulta no obstante prematuro especular con una reactivación del sector inmobiliario, aunque sea ligera.

Aunque el incremento de las ventas en lo que va de año ha sido notable, el resultado de la comparación interanual es ilusorio porque 12 meses atrás el mercado estaba plano. De hecho, las ventas de este mes de febrero están por debajo de las de 2008 y son casi la mitad de las de 2007, el último año del boom. Además, con un stock de pisos en venta que ronda entre los 750.000 y el millón, según las fuentes, semejante ritmo de ventas no reactivaría la construcción hasta dentro de al menos dos años.

Es difícil determinar con exactitud las causas de este aumento en las ventas en lo que va de año. Los cambios previstos en la fiscalidad de la compra de vivienda -subida del IVA dos puntos el 1 de julio y fin de las desgravaciones en el IRPF el 31 de diciembre- están provocando un previsible adelanto en la decisión de compra de muchas familias. De ser así, esta dinámica se saldará con una reducción del ritmo de operaciones tras el verano y, sobre todo, a partir del próximo año. Igualmente está influyendo la actuación de muchas entidades financieras, que sacan al mercado viviendas recibidas de promotores en quiebra y de particulares que no pueden hacer frente a su hipoteca.

Lo descabellado sería achacar el tirón de las ventas a una mejora de las expectativas de los ciudadanos -atenazados por un paro récord- ni a una recuperación de la actividad. La explicación es más sencilla: hay una demanda agazapada que se activa en cuanto los precios bajan de determinados límites. Y en la reducción de precios sí influye la necesidad de muchos bancos y cajas de ahorros de convertir su rémora inmobiliaria en liquidez, aunque con la lógica cautela de no dañar sus balances vendiendo a pérdida.

Si ésta es la explicación, es probable que el recorrido a la baja de los precios esté empezando a tocar fondo. Según la tasadora Tinsa, en el primer trimestre las casas nuevas redujeron su caída al 5,3% interanual, y suman una rebaja del 16,2% desde máximos de 2007. Y no es descartable que el tirón de las ventas haga incluso subir los precios. Pero esto sería un grave error si se pretende atraer a compradores que esperan resarcirse de subidas superiores al 16% anual durante el boom. Los promotores deberían emular a otros países, con correcciones a la baja más rápidas que les han permitido recuperar ya las ventas.