TRIBUNA

La sostenibilidad del sistema de salud

Todas las estadísticas internacionales presentan al Sistema Nacional de Salud español como uno de los mejores del mundo. Hemos alcanzado un nivel de atención sanitaria excelente a un coste muy bajo en comparación con otros países de nuestro entorno. En el plano económico, el Sistema Nacional de Salud es un importante activo económico y fuente de creación de riqueza en nuestro país.

Estos logros no deberían distraer nuestra atención de un hecho concreto y preocupante, como es la escasez de recursos que dedicamos los españoles a la financiación de nuestro Sistema Nacional de Salud. æpermil;ste es, además de un problema crónico, un elemento ampliamente compartido por todos los agentes. Lo era en tiempos de bonanza y lo sigue siendo en época de crisis. Un reciente informe cifra en 11.000 millones de euros el déficit financiero acumulado por la sanidad en el quinquenio 2003-2007, alrededor del 18% del gasto sanitario público de 2007.

La insuficiente financiación de la sanidad pública en España aparece muy claramente cuando se realizan comparaciones internacionales del peso del gasto sanitario público sobre el PIB. Los resultados de esta comparativa muestran que España presenta una brecha de 1,5 puntos del PIB con respecto a la media de los países de la antigua UE-15 en términos de esfuerzo económico dedicado a la financiación de la sanidad pública. A la vista del esfuerzo de otros países europeos, no podemos decir que en España exista un problema estructural de sostenibilidad de la sanidad. ¿Por qué Francia puede dedicar el 8,7% de su PIB a financiar su sanidad pública o Portugal el 7,1%, y a España pasar del 6% le supone un problema de sostenibilidad?

Para mantener los logros conseguidos en ámbitos como la accesibilidad, la equidad, la innovación, la universalidad o la calidad de la prestación, la sanidad pública española necesita recursos adicionales. Sin ellos se estará poniendo en peligro la calidad de la asistencia o incluso la existencia de determinadas prestaciones. Y todo ello bajo la exigencia permanente de ser cada vez más eficientes en el uso de los recursos disponibles.

En momentos de crisis, en los que aumenta el riesgo de que surjan inequidades, es preciso mantener las políticas públicas de carácter redistributivo, especialmente la sanidad. Para ello, es obligación de todos hacer frente a las tensiones financieras que la actual situación económica está ocasionando a las cuentas públicas, aumentando los recursos y gestionándolos con mayor eficiencia.

Para ello, la industria farmacéutica, en su ámbito de actuación, ofrece su colaboración leal y su apoyo a las administraciones públicas compartiendo un triple objetivo:

-Garantizar el acceso de los ciudadanos a todas las innovaciones de forma equitativa, evitando discriminaciones territoriales o sociales.

-Garantizar la sostenibilidad presupuestaria del Sistema Nacional de Salud, corrigiendo ineficiencias como complemento a una mayor dotación de recursos.

-Maximizar las posibilidades de desarrollo de la industria farmacéutica en nuestro país: un sector moderno, líder en inversión en I+D y ejemplo de lo que España necesita para dirigir su modelo productivo hacia sectores de mayor valor añadido.

La industria farmacéutica ha sido pionera en su compromiso con la sociedad tanto para contribuir a la sostenibilidad del Sistema Nacional de Salud, como para impulsar una serie de variables esenciales para el crecimiento económico futuro de nuestro país, como son el empleo, la inversión en I+D y el volumen de exportaciones.

Jesús Acebillo Marín. Presidente de Farmaindustria