Opinión

Ponerse estupenda

Pese a ser catalana -o no- Agustina de Aragón ha vuelto bajo la apariencia de Esperanza Aguirre. No otra explicación tiene que la representante del Estado (art. 152. 1 de la Constitución) en la Comunidad Autónoma de Madrid se haya descolgado con otra de sus aportaciones, tan llena a la par de gracejo, sentido común y lealtad institucional. No ha gritado ¡a las barricadas!, pues mayo del 68 ha muerto y eso sólo lo podía gritar, entre la nobleza, la Duquesa roja. Ha gritado una consigna posmoderna: ¡Abajo el incremento del IVA!

Sabiamente, las leyes penales no prevén el castigo de los desvaríos o de las astracanadas; permiten que cada uno haga de su capa un sayo, que, a lo mejor, los electores no compran ni en un todo a cien. De todas formas, hay políticos con suerte, desmedida casi. Por empecinarse más allá de lo razonable, los conmilitones de la señora Aguirre cambiaron el Código Penal y pretendieron, tan torpe como inútilmente, entrullar al lehendakari Ibarretxe; al final, ni fue encausado, ni duró esa inicua reforma penal y el electorado pasó de sus propuestas. No es mal castigo para la soberbia, incontinencia y manifiesta mejorabilidad de algunos políticos.

De todos modos, a lo mejor el ardor guerrero de esta nueva heroína, si su proclama tiene adeptos que la lleven a la práctica, pudiera dar con sus huesos en el calabozo, pues la inducción al delito fiscal sí es punible. A lo mejor, la representante del Estado, siguiendo el ejemplo habitual de algún partido minoritario, lo que pretende es mantener el foco sobre sí, y después no hacer nada: ni lo que proclama en plan corrala ni su contrario, echando, eso sí, la culpa de su inacción a los demás.

Quizás, Esperanza Aguirre no sea la reencarnación de Agustina de Aragón, la catalana, si no de Max, a quien don Latino de Hispalis en Luces de Bohemia exhortaba a no ponerse estupendo.

Joan Josep Queralt. Catedrático de Derecho Penal de la Universidad de Barcelona