A fondo

Avanzar persiguiendo un espejismo

El Congreso de Móviles supera una década, contando con su antecedente 3GSM que tuvo su sede hasta hace cinco años en la localidad francesa de Cannes. Tras la subasta de promesas tecnológicas que, una vez más, ha vuelto a producirse en los tres primeros días de la actual edición, uno tiene la sensación de que, durante todo este tiempo, el resorte que ha movido este ingente esfuerzo de demostración de progreso que es la mayor feria que se celebra en el mundo en torno al universo celular, no es sino un espejismo: la incorporación al teléfono móvil de la variedad de servicios multimedia que se han ido creando desde el mundo de internet, cuya vía acceso natural es el ordenador personal. Esta aspiración genérica se concretaba en el deseo de conseguir la popularización de la videollamada celular.

El Congreso de Móviles surgió cuando los teléfonos móviles apenas habían traspasado de la tecnología analógica a la celular con ese gran estándar cincelado en Europa que se llama GSM y que se convirtió en la base de la gran revolución social y del inmenso negocio que conocemos con el nombre genérico de "el móvil". En aquellos años del final de la década de los 90 la telefonía celular GSM había alcanzado el milagro de popularizar "la voz en movilidad" y, crecida por este éxito, prometió a sus seguidores que pronto podría ofrecerles una nueva proeza: las conexiones multimedia sin cable. Esto es, la videollamada celular.

Cada nueva edición del Congreso, las expectativas se desmadraban a la espera de que por fin la industria habría sido capaz de hacer realidad la videoconferencia desde al móvil. Año tras año, los avances eran claros, pero insuficientes. La incorporación de la imagen, del color, de los interfaces usables y de la capacidad de infraestructura para hacer todo ello viable en un cada vez más pequeño terminal, se antojaba un objetivo a punto de alcanzar mañana.

En la edición del congreso de 2002, por fin pudo contemplarse una demostración real de la videollamada celular, aunque curiosamente el terminal tenía un cable que lo enganchaba a la red. Era la época de la frustración de las promesas del UMTS, en la que los fabricantes de terminales echaban la culpa a los proveedores de la red de no ofrecer suficiente ancho de banda para hacer viable la videoconferencia, mientras que, por el contrario, estos acusaban a aquellos de no tener listo un terminal con auténticas capacidades multimedia.

Muchos Congresos más acá la videoconferencia celular es un hecho. El problema, como ha ocurrido con otros mitos tecnológicos, es que ahora la videollamada desde el móvil es un servicio que ha fracasado porque ya no le interesa a nadie. El mercado reclama internet en el móvil, ofertas de redes sociales al entorno celular, pequeños vídeos o nuevos fenómenos musicales.

De esta edición del Mobile World Congress que ya se encamina a su clausura quizá no debamos esperar otra cosa que ese esfuerzo ímprobo y colectivo de la comunidad tecnológica internacional para prometernos aquello que todavía no está en condiciones de ofrecernos y de ilusionarnos con novedades muy vistosas que con mucha probabilidad mañana no nos interesen.