EDITORIAL

La UE debe rentabilizar la crisis griega

Que cada crisis entraña una oportunidad es algo tan manido como que cada dato de los presupuestos griegos oculta una sorpresa. Pero la Unión Europea debe renunciar a cualquier prurito de originalidad y esforzarse por rentabilizar la tremenda crisis de desconfianza generada por los repetidos escándalos contables y presupuestarios descubiertos en Atenas.

Para bien o para mal, el caso griego ha puesto palmariamente de manifiesto que la actual gobernanza de la Unión Monetaria Europea ha tocado techo. El euro sólo podrá repetir el éxito de su primera década si las instituciones comunitarias y los 16 países que comparten divisa alcanzan un nuevo pacto sobre las respectivas competencias. Y parece claro que en ese nuevo reparto, las capitales nacionales tendrán que ceder buena parte de su soberanía fiscal y de política macroeconómica para lograr que la Unión salga realmente reforzada.

Esa integración no responde a oscuros designios dictados por la eurocracia de Bruselas. Son los mercados, a la luz del parqué y las pantallas electrónicas, los que impulsan cada día el proceso. Porque, más allá de lecturas conspirativas sobre los últimos movimientos, lo cierto es que la mayoría de los inversores se limitan a poner precio a la sostenibilidad de la unión monetaria. Si no hubiera ninguna grieta, ningún inversor desperdiciaría su dinero intentando provocarla.

Urge, por tanto, cerrar cualquier vía de agua antes de que los mercados hagan una lectura literal de la temeraria comparación de la economía griega con el Titanic hecha anteayer por el mismísimo ministro heleno de Economía. Grecia es sólo el 3% de la economía de la zona euro, pero su debacle ha revelado los gravísimos desequilibrios internos de la Unión y la necesidad de corregirlos cuanto antes.

Los ministros de Economía de la UE dieron ayer un primer paso en esa dirección, al exigir que Grecia acometa sin más dilación importantes reformas en materia laboral, de Seguridad Social, de Administración y de competitividad. Nunca antes la UE había intervenido de manera tan exigente en la política macroeconómica de un país.

Del éxito de esa novedosa incursión depende en gran medida que Grecia sea una economía viable a largo plazo. Pero la cohesión y las sostenibilidad del euro también están en juego en esa nueva dimensión de la coordinación de las políticas económicas de los 16 socios.

La presidencia española de la UE confirmó ayer su intención de aprovechar este semestre para profundizar en esa coordinación. Y la Comisión Europea anunció que próximamente presentará una propuesta sobre cómo trasladar ese deseo a la gobernanza diaria de la zona euro. No es la primera vez que se anuncia. Pero, tal y como están los mercados, debería ser, ineludiblemente, la última.