Exige al Gobierno griego un paquete de medidas estructurales

La UE estrena con Grecia la potestad de reformar la economía de un país

La Unión Europea esgrimió ayer por primera vez en su historia la potestad de exigir a uno de sus socios profundas reformas económicas para no poner en peligro la estabilidad de todo el club. Grecia ha tenido el dudoso honor de estrenar ese rapapolvo que viene acompañado de la exigencia de que en el plazo de un mes presente medidas concretas para recortar drásticamente el déficit.

Europa sólo ha tardado dos meses y medio en estrenar uno de los instrumentos de coordinación económica reforzados por el Tratado de Lisboa. Se trata del artículo (121.4) que permite a la Comisión Europea lanzar una advertencia al país que "puede poner en peligro el correcto funcionamiento de la unión económica y monetaria". El organismo comunitario puso en marcha ese mecanismo el pasado 3 de febrero para aplicarlo, por primera vez, a Grecia.

Y el Consejo de Ministros de Economía y Finanzas de la UE completó ayer la señal de alarma con un listado de tareas para el Gobierno de George Papandreu, que, si se llevan a cabo, equivaldrían a la reforma completa de la economía de un país a instancias de la Unión Europea.

"El Consejo pide a Grecia que diseñe y aplique lo antes posible, comenzando en 2010, un paquete radical y generalizado de reformas estructurales", señalan las conclusiones aprobadas ayer por el Ecofin bajo presidencia de la ministra española Elena Salgado.

El plan incluye "medidas específicas" en materias tan diversas y sensibles para el funcionamiento de un país como "salarios, reforma de las pensiones, reforma sanitaria, administración pública, mercados de bienes, legislación empresarial, productividad y crecimiento del empleo".

Nunca antes se había atrevido la Unión a reclamar a un país de manera tan detallada la reforma de su economía. El único precedente fue la aplicación a Irlanda del mismo mecanismo bajo el Tratado de Niza, aunque con el único objetivo de que moderase el carácter expansivo de su presupuesto durante la etapa de crecimiento. Dublín se rebeló entonces contra una petición difícil de justificar políticamente por parte de Bruselas en tiempos de bonanza.

Con Grecia, en cambio, la UE parece dispuesta a hacer cumplir sus peticiones, lo que indica no sólo la escasa credibilidad del país afectado sino también la creciente percepción de que Europa, y la zona Euro en particular, necesitan reforzar sus sistemas de control económico.

"Creo que hace falta una mayor coordinación", señaló ayer al término del Ecofin la vicepresidenta Elena Salgado. "Y ese es uno de los objetivos de nuestra presidencia de la UE". El nuevo comisario europeo de Asuntos Económicos, Olli Rehn, añadió que en las próximas semanas presentarán una propuesta concreta para implantar el nuevo modelo de coordinación.

Rehn, sin embargo, asume su mandato en un momento de crecientes dudas sobre la capacidad de la CE para imponer la disciplina presupuestaria en la zona euro. En los próximos días, los funcionarios del organismo comunitaria visitarán Atenas para verificar las medidas adoptadas por Papandreu. Pero por expreso deseo de los líderes europeos, irán acompañados por expertos del BCE y del Fondo Monetario Internacional.

Banco central

El BCE participará, en concreto, en el control del plan de reducción del déficit presentado por Grecia, que aspira a recortar este año en cuatro puntos porcentuales el déficit del 12,7% registrado en 2009. El ministro griego, Georges Papaconstantinou, calificó ayer ese objetivo de "muy ambicioso" y reconoció que su cumplimiento "presenta riesgos" tanto desde el punto de vista del crecimiento como de los ingresos. Y a ello se añade la presión de la vigilancia del BCE.

Sólo un mes para demostrar la validez del plan de ajuste

El Gobierno griego pidió tiempo el lunes a los ministros de Economía de la UE para llevar a cabo su plan de recorte del déficit público. Ayer obtuvo esa tregua. Pero sólo de un mes.

Antes del próximo 16 de marzo, nueva reunión del Ecofin, Atenas debe demostrar que sus medidas de recorte de gasto y aumento de los ingresos impositivos son suficientes para alcanzar en 2010 un déficit del 8,7% del PIB frente al 12,7% del año pasado. Una tarea titánica. Y puede ser aún más dura si en la reunión del próximo mes el ministro griego de Economía, Georges Papaconstantinou, no convence a sus homólogos de que el recorte es viable. Si las dudas continúan, el Ecofin podría exigir nuevas medidas y aún más impopulares, como la subida de los tipos del IVA o el aumento de los gravámenes al consumo de energía. Atenas teme que una presión comunitaria excesiva acabe dinamitando el apoyo social que parece tener todavía el plan de ajuste.

Grecia reconoce su colaboración con Goldman Sachs en 2001

La polémica sobre el posible papel de algunos bancos de inversión estadounidenses en el falseamiento sistemático de las cuentas públicas griegas llegó ayer también hasta la reunión del Ecofin.

El comisario de Asuntos Económicos, Olli Rehn, aseguró que ha reclamado a Atenas información al respecto, aunque reconoció que no se ha dirigido a otros países, como Italia, mencionados también en las informaciones sobre el asesoramiento de Goldman Sachs a algunos Gobiernos europeos.

Fuentes oficiales griegas, en declaraciones recogidas por Bloomberg, reconocieron que Grecia llevó a cabo en 2001 operaciones con Goldman Sachs para aplazar el impacto presupuestario de ciertas deudas. Pero consideró que su repercusión el déficit fueron minúsculas y no llegaron al 0,15% del PIB. La vicepresidenta del Gobierno español, Elena Salgado, aseguró por su parte que España nunca ha trabajado con Sachs en ese tipo de operaciones.