Reunión en Pittsburgh

El G-20 pide un pacto este mismo año para elevar las reservas de la banca

Washington quería hablar en Pittsburgh de reequilibrio económico mientras Berlín insistía en que la prioridad fuese la regulación financiera. Pero el borrador de resolución recoge tanto el compromiso de disponer este mismo año de un pacto sobre la elevación de las reservas de la banca, como un nuevo marco de remuneraciones de los banqueros y un compromiso de mantener durante todo 2010 los incentivos fiscales a la actividad económica.

La agenda que Barack Obama ha propuesto para la cumbre del G-20 no satisface a la canciller alemana, Angela Merkel. El presidente estadounidense quiere que en la cumbre se dé un paso hacia delante sobre la actual crisis y se hable de un reequilibrio de las economías mundiales, un fin largamente buscado, sin éxito, por el FMI. La canciller cree que la intención es buena, pero su prioridad es otra. "He dejado claro que no debemos centrarnos en otros temas y olvidar la regulación de los mercados financieros".

Merkel reconoce que el crecimiento desequilibrado es un problema y tiene que estar en la agenda, pero la regulación de los mercados financieros continúa siendo una cuestión central. "Para nosotros es lo más importante de esta cumbre", indicó.

EE UU, cuyo sector financiero representa algo más del 20% de la economía, Reino Unido (también muy dependiente de la City), China y Canadá son los que más están defendiendo en los trabajos preliminares que se llegue a un compromiso para que el crecimiento global pase por una rebaja de la dependencia del consumo y la baja tasa de ahorro de los americanos y que Alemania y China deben animar su demanda interna y rebajar el peso de las exportaciones en su economía.

El primer borrador de la cumbre, que trascendió anoche (hora española), compensaba en buena parte todas las ambiciones de los participantes. Se comprometen los miembros del G-20 tanto a lograr un pacto para elevar las reservas del sistema financiero y capitalizarse convenientemente, así como a lograr este mismo año un acuerdo que regule las normas mundiales sobre remuneración de los gestores de la banca. Además, en materia de actividad, los países se comprometen también a mantener durante todo el ejercicio de 2010 los estímulos fiscales a la demanda.

El documento, preparado por los Ministerios de Economía del Grupo en los últimos días, no aboga, sin embargo, por imponer límites estrictos al volumen de las bonificaciones, como había insistido en particular el presidente de Francia, Nicolas Sarkozy. "Fallos importantes de normativa, además de la toma de riesgos imprudente e irresponsable por parte de los bancos y otras instituciones financieras crearon una fragilidad financiera peligrosa", declara el borrador.

En el documento, los miembros del G-20, cuyas economías suponen el 85% del PIB mundial, pide un acuerdo sobre normas mundiales que vincule la remuneración de los banqueros al desempeño a largo plazo de las empresas que dirigen y que esté sujeta a devolución si las cuentas de esas entidades empeoran. El Grupo respalda que las agencias reguladoras tengan el poder de revisar los sistemas de remuneración de las compañías y puedan modificarlos si quiebran o requieren de intervención pública.

"Es importante alcanzar un acuerdo internacional para finales de 2009 sobre los elementos de las estructuras de remuneración que son vitales para la estabilidad financiera", dice el texto. El sistema actual de compensación favorece la toma de riesgos, pues los banqueros ganan primas por los beneficios a corto plazo de las empresas, incluso si debilitan sus cuentas a medio plazo.

"Nuestra reforma tiene muchas facetas, pero su centro deben ser reservas más robustas. El capital permite a los bancos resistir las pérdidas", dice el documento. En él, el G-20 también apoya dar a los Gobiernos herramientas "más poderosas" para desmantelar firmas que quiebran, una propuesta contenida en el proyecto de reforma financiera que EE UU ha presentado a su Congreso.

Como hicieran los ministros de Economía del G-20 en una reunión preparatoria de la cumbre de Pittsburgh, los jefes de Estado declaran en el documento que "a corto plazo debemos continuar respaldando la actividad económica hasta que la recuperación se afiance claramente". Aun así, pide a los miembros que establezcan, en cooperación con el FMI, "un proceso transparente y creíble para retirar el apoyo fiscal y monetario extraordinario, y el respaldo al sistema financiero".

El Grupo solicita en el borrador que se sienten las bases para un crecimiento mundial "más equilibrado". Para ello cree necesario un aumento del ahorro privado y la reducción del déficit en algunos países, y la promoción de la demanda interna en otros, además de reformas estructurales que aumenten el potencial de crecimiento. "Si no hay un ajuste y realineamiento en las fuentes de la demanda mundial, el FMI estima que el crecimiento global será inaceptablemente bajo", dice el documento. El G-20 propone que en noviembre se inicie un proceso de "evaluación" de las políticas nacionales y encarga al FMI vigilar que los países tomen medidas que promuevan el reequilibrio de la demanda mundial.

Más inversión en energías renovables

El presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, reclamó ayer en Nueva York que los países desarrollados destinen un 0,7% del PIB a la inversión en energías alternativas para luchar contra el cambio climático. Durante su intervención ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, Zapatero argumentó que la salida de la recesión pasa por incrementar el peso de las políticas medioambientales" y advirtió que "el cambio climático será más devastador que la crisis".

En un discurso que no superó los veinte minutos, Zapatero condenó el golpe de Estado en Honduras y abogó por la creación de un Estado palestino. El presidente del Gobierno realizó una defensa del multilateralismo como instrumento de la política internacional y también pidió que la iniciativa de la Alianza de Civilizaciones -que él propuso cinco años atrás en ese mismo foro- se mantenga presente de forma estructural en los principales órganos de Naciones Unidas.

Por otra parte, reclamó que la crisis no suponga una reducción de las ayudas al desarrollo. La ONU mostró ayer su temor a que el G-20 no cumpla sus compromisos con los países pobres. En la última cumbre celebrada en Londres, los Estados participantes decidieron asignar 34.000 millones de euros en ayudas al desarrollo y hasta ahora han entregado 16.000 millones.