La subida de la presión fiscal, a debate

La comparación con la UE, un argumento para subir los impuestos

España tiene un IVA por debajo de la media, pero las empresas pagan más por beneficios que las vecinas europeas

La necesaria e inevitable, según el Gobierno, subida de impuestos se incluirá en el proyecto de Ley de Presupuestos del Estado que el Consejo de Ministros aprobará el sábado. Si el Ejecutivo tiene en cuenta la fiscalidad española respecto a la media europea, no hay duda de que incrementará los tributos sobre el consumo, ya que España ocupa las últimas posiciones en esta categoría. Por un lado, la tarifa general del IVA (16%) es la tercera más baja de la UE. Además, el tipo impositivo implícito sobre el consumo -mide los impuestos que efectivamente se pagan- es aún menor, del 15,9%, el más bajo de toda la Unión Europea, según el último informe fiscal de Eurostat. Moncloa ya ha dado órdenes a los dirigentes socialistas para que justifiquen ante los medios la más que probable subida de impuestos sobre el consumo (IVA y especiales) con estos datos.

La utilización por parte de Eurostat del llamado tipo impositivo implícito permite una comparación más atinada ya que indica el tipo real -descontando deducciones, gravámenes reducidos y otras singularidades- del conjunto de impuestos que gravan el consumo o las rentas del capital y del trabajo. Si bien España es un país fiscalmente atractivo en la imposición sobre el consumo, mantiene unos tipos implícitos sobre el capital del 42,4%, el cuarto más alto de la Unión Europea. Dentro de esta categoría, Eurostat incluye una variedad de tributos, como el de matriculación de vehículos para uso empresarial, el de Sociedades o el tipo del 18% que se aplica en el IRPF a las plusvalías. Los sectores empresariales esgrimen esta estadística para oponerse al anunciado aumento de los impuestos sobre las rentas altas de capital, que tributan al 18%. "No es el momento de incrementar la presión fiscal sobre el ahorro ya que empeorará la situación económica", alega Salvador Guillermo, director del servicio de estudios de la patronal catalana Fomento del Trabajo.

Sin embargo, los datos de Eurostat muestran que la fiscalidad sobre el capital que recae sobre las familias no se diferencia mucho de la de otros países. En aquello que sobresale España es en la carga fiscal que soportan los beneficios empresariales. El tipo del impuesto de sociedades (30%) supera en más de seis puntos la media de la UE. Los países del Este son los que aplican un menor gravamen a los beneficios empresariales. Mientras que el tipo impositivo español es inferior al que aplican países vecinos como Francia o Italia y superior al vigente en el Reino Unido o Portugal. Si se tiene en cuenta el conjunto de tributos que pagan las empresas, España mantiene una presión fiscal muy por encima de la media, lo que supone un lastre competitivo, según las organizaciones empresariales.

Otra de las grandes fuentes de ingresos fiscales derivan de los impuestos sobre el trabajo. En este capítulo, la estadística se presta a interpretaciones opuestas. Por un lado, la mayor parte de la fiscalidad sobre el trabajo recae en el empleador a través de los pagos que realiza a la Seguridad Social. En este sentido, España es de los países de la UE más caros para los empresarios. Y, por el otro, las contribuciones sociales de los trabajadores se ubican muy por debajo de la media. CEOE ha reclamado insistentemente una rebaja de las cotizaciones sociales para abaratar los costes salariales. Un trabajador con un sueldo medio de 21.200 euros aporta 9.928 euros anuales a la Seguridad Social. El 66% de este coste lo asume el empleador y el resto el trabajador. En otros países como el Reino Unido, la situación es a la inversa.

En el IRPF, España, con un tipo máximo del 43% se ubica por encima de la media. Sin embargo, el promedio queda algo desvirtuado por los países del Este, que mantienen unos tipos muy inferiores a los de la Europa occidental. Así, Bélgica, Dinamarca, Francia o Italia cuentan con un IRPF superior al de España.

Experimentos, con gaseosa

Los datos comparativos con la UE muestran que España, si quisiera situarse en la media europea, debería subir impuestos como el IVA, el tabaco o el alcohol y reducir la fiscalidad que aplica a los beneficios empresariales. Esta última opción resulta improbable, ya que la recaudación del impuesto de sociedades cayó en 2008 un 39% y este año sigue una tónica similar. Cuando el año pasado le plantearon al entonces vicepresidente económico Pedro Solbes la posibilidad de reducir el impuesto de sociedades, respondió lacónico: "Los experimentos, mejor con gaseosa". Al menos en este punto, el Ministerio de Economía sigue opinando lo mismo.

Europa resulta cara para el contribuyente

Europa es cara para el contribuyente respecto a países desarrollados como Estados Unidos o Japón. Según el estudio fiscal de Eurostat, en 2007, la presión fiscal agregada en la Europa de los Veintisiete se situaba en el 39,8% del PIB, un nivel doce puntos superior al registrado en Estados Unidos, Japón y en la mayor parte de los países de la OCDE.

En 2008, la presión fiscal en la UE bajó cuatro décimas, hasta el 39,4%. España fue, con diferencia, el país que alcanzó un mayor descenso. Los ingresos fiscales pasaron de representar el 37,1% del PIB al 32,8%. Esta caída sin precedentes en la historia reciente de España se explica por las rebajas fiscales que aprobó el Gobierno el año pasado -como la deducción de 400 euros- y, sobre todo, por la severa caída de la recaudación tributaria. España ingresó un 13,6% menos en 2008 y este año la caída será aún mayor. La anunciada subida de impuestos pretende poner fin a esta tendencia y encauzar el desbocado déficit fiscal, que cerrará el ejercicio por encima del 10% del PIB.