A fondo

Una "cuestión de Estado" que depende de las pilas

Una "cuestión de Estado" que depende de las pilas
Una "cuestión de Estado" que depende de las pilas

En 2006, el cineasta estadounidense Chris Paine rodaba un documental que gráficamente decidió titular ¿Quién mató al coche eléctrico? La premisa era muy sencilla: el coche eléctrico -que comenzó a rodar en California en 1996 y que fue retirado en 2003- no triunfó por una suerte de conspiración de diversos lobbies. Hoy en día, nada parece poder detener la irrupción de los voltios y amperios sobre el alquitrán. Detener, no. Pero quizás no vaya tan rápido como se espera. Sobre el coche eléctrico recaen muchas esperanzas. En primer lugar, de los gobiernos, que pretenden dar un respiro a las emisiones. Pero también de la propia industria del motor. No hay nada mejor que los avances tecnológicos para que de repente, el parque se renueve a gran velocidad. El último ejemplo lo proporcionaron los televisores de pantalla plana y la televisión digital terrestre, cuya entrada en el mercado condujo a la que la práctica totalidad de aparatos haya sido sustituida por uno nuevo.

æpermil;ste es el modelo en el que se quiere mirar una industria del motor ahogada por el estancamiento de las ventas en sus mercados tradicionales, y que ya ha abandonado en buena medida la investigación de otras alternativas al petróleo. El ministro de Industria, Miguel Sebastián, aseguró ayer que el coche eléctrico constituye una "cuestión de estado alejada de la confrontación política", por lo que ha propuesto a todos los partidos políticos, "especialmente al PP", un diálogo por su implantación en el proyecto de Pacto por la Energía, formulado por el presidente José Luis Rodríguez Zapatero. Sebastián presentó ayer el Proyecto Movele de impulso a los coches eléctricos con los alcaldes de Madrid, Alberto Ruiz Gallardón; de Barcelona; Jordi Hereu; y de Sevilla, Alfredo Sánchez Monteseirín. Este plan está dotado con ocho millones para la compra de vehículos, 1,5 millones para la creación de infraestructuras y 500.000 euros para asistencia técnica. Según Sebastián, si todos los coches que circularan por España fueran eléctricos, el ahorro en la factura petrolífera anual sería de unos 11.000 millones. Gallardón además, anunció que estos coches no pagarán por aparcar en la capital.

Sin embargo, el coche eléctrico tiene un duro problema, las baterías de ion de litio (las de los móviles) que propulsarán el vehículo. Estas pilas cuestan mucho (casi lo mismo que el resto del coche) y son poco fiables (duran ocho años como máximo y presentan problemas de calentamiento). Los fabricantes trabajan junto con proveedores en la creación de baterías, que en la mayor parte de modelos, estarán acompañadas por un motor convencional.

Pero además, España tiene un problema añadido: en la actualidad, no hay ningún proveedor nacional que se dedique a fabricar este tipo de componentes, lo cual volverá a dejar a nuestra industria sin ningún actor en esta incipiente industria.