A fondo

El fútbol, demasiado grande como para dejarlo caer

El balompié, a diferencia de otros negocios, sobrevive porque la clientela es fiel, sin importarle la calidad del producto

Cristiano Ronaldo ya está en Madrid
Cristiano Ronaldo ya está en Madrid

La crisis, la deuda o la escasez del crédito pueden frenar a cualquier industria. Pero no al fútbol. Y eso, a pesar de la más que dudosa viabilidad del negocio futbolístico. El Real Madrid ha desembolsado durante esta pretemporada aproximadamente 260 millones de euros en fichajes. El F. C. Barcelona, campeón de Liga, Copa y Champions la pasada temporada, ha gastado alrededor de 85 millones.

Que el del balón es un negocio estructuralmente deficitario es una verdad a voces proclamada por cuantos expertos en la industria tienen oportunidad de dar su opinión. Pese a ello, los grandes clubes (y los pequeños también, por cierto) sobreviven año tras año, mientras que las empresas en otras industrias lo pasan mucho peor para subsistir. El profesor titular de Economía Financiera y Contabilidad de la Facultad de Economía y Empresa de la Universidad de Barcelona, José María Gay de Liébana, hablaba recientemente de "estado de insolvencia teórica" del fútbol español, con una deuda de los clubes de Primera que creció un 26,3% durante la temporada 2007/2008 hasta sumar 3.444 millones, aproximadamente el doble de los ingresos. De ellos, 1.694 millones son deudas a corto plazo.

Pero en el fútbol no rige la lógica empresarial, y lo que puede valer para nombres como Lehman Brothers, General Motors o Martinsa Fadesa no es necesariamente aplicable al F. C. Barcelona, Real Madrid o Atlético de Madrid. El periodista Simon Kuper, columnista habitual del Financial Times, y el profesor de Economía Stefan Szymanski publicaron recientemente un libro titulado Por qué Inglaterra pierde (Why England Lose) en el que compara la capacidad de supervivencia de las entidades futbolísticas inglesas y de las principales empresas cotizadas del país.

Así, según los autores, de los 88 clubes que componían las categorías profesionales en 1923, el 97% seguía existiendo en la temporada 2007/2008, y la mayor parte de ellos sigue militando en la misma división. Los autores proponen una comparación similar en el plano empresarial: de las 100 mayores empresas mundiales en 1912, el 50% había dejado de existir , y muchas de las que subsistían operaban en una industria diferente o habían mudado su sede. La conclusión lógica: los clubes no están sujetos a las mismas fuerzas competitivas que sacuden la mayor parte de negocios, aseguran los autores.

Los equipos existen para competir, pero sólo sobre el campo. Tienen una imagen de marca a prueba de bomba. Su tecnología no se queda obsoleta, los rivales extranjeros no pueden entrar en sus mercados, y las deudas las absorben por sus dueños -cuando no es la administración local de turno la que los rescate. "Los clubes, a diferencia de otros negocios, sobreviven a las crisis porque sus clientes son fieles sin importar lo malo que sea el producto".

Con estas premisas, no es de extrañar que buena parte de los analistas hayan aplaudido sin rubor operaciones como la de pagar 94 millones por Cristiano Ronaldo o más de 60 por Zlatan Ibrahimovic. La asunción de más deuda se justifica, y más si provocan que los ingresos crezcan exponencialmente. "Los beneficios de un fichaje de este calibre hace que ganar torneos como la Champions pueda llegar a ser casi secundario", afirma el profesor de Esade, Gerard Costa. Y eso, a pesar de que los traspasos están sobrevalorados. Szymanski estudió el gasto realizado por 40 clubes entre 1978 y 1997 para descubrir que el dinero desembolsado en traspasos tan sólo se reflejó en un 16% en variaciones en su posición en la liga.

Pero los clubes juegan con ventaja. Saben que, al igual que la aseguradora AIG, "son demasiado grandes como para caer".