EDITORIAL

Un respiro temporal del desempleo

La evolución del empleo en los dos últimos meses, medida por el registro de cotizantes a la Seguridad Social o medida por el de los demandantes de empleo de las oficinas públicas, revela que algo ha cambiado en un mercado que devoraba puestos de trabajo entre septiembre de 2008 y marzo de 2009. La moderación en los flujos de destrucción de empleo en la construcción residencial, las políticas de obra pública intensiva en ocupación ensayadas por el Gobierno en los ayuntamientos y la llegada de la temporada que dinamiza el empleo, aunque sea de forma coyuntural, en los servicios turísticos y sociales, han aliviado la presión estadística del último año. Pero tampoco conviene llamarse a engaño: la tendencia estructural del empleo sigue siendo contractiva, tal como revelan tanto en mayo como en junio los datos corregidos de variaciones estacionales, tanto en el registro de cotizantes (casi 60.000 menos que en abril) como en el de parados (con casi 100.000 más que en abril).

Por tanto, si exceptuamos el avance de la ocupación estacional de la hostelería y sustituciones de servicios sociales, que no generan descensos en la cotización de la Seguridad Social, el resto es imputable en casi su totalidad a las políticas keynesianas del Gobierno, réplica de las puestas en marcha en Europa. Así, el desempleo en la construcción desde que el plan de inversión municipal arrancó ha descendido en poco más de 25.000 personas, mientras que el propio Gobierno admite que al abrigo del citado plan se han creado 390.000 puestos de trabajo. De tener un comportamiento coherente el mercado, estas dos cifras revelan que durante los tres últimos meses, mientras los ayuntamientos daban ocupación a cerca de 400.000 personas, el resto del sector de la construcción, especialmente la actividad residencial, destruía parecida cantidad de empleos.

En todo caso, y aunque el recorrido productivo del plan municipal de obras es más bien escaso y con poco efecto multiplicador, es cierto que se ha aliviado la variable más dramática de la crisis, e incluso se ha logrado frenar la desbocada evolución de la prestación por desempleo. No en vano, España ha sido el país que más dinero ha gastado, en términos relativos, en bombear la actividad económica. Pero el Gobierno debe hacer una reflexión de corto plazo para evitar reproducir el empleo que pretende sustituir, cual es el de la construcción, y una de largo plazo para intensificar la búsqueda de actividades alternativas para evitar que las crisis destruyan en España una cantidad de empleo muy superior a la destruida en otras economías.

En España hay un 50% más de parados que hace un año, y un millón de ellos dependen de la prestación y subsidios públicos, dos circunstancias que España no puede tolerar durante tiempo indefinido. Las anomalías del mercado de trabajo, que se sustancian en este agravio comparativo que los números delatan, deben ser corregidas escuchando a todos y negociando con todos, sin prisa y sin pausa.