Fallecimiento

Una leyenda al borde de la bancarrota

El cantante Michael Jackson, fallecido el jueves, revolucionó la industria musical batiendo récords de ventas y público.

Una leyenda al borde de la bancarrota
Una leyenda al borde de la bancarrota

La muerte de Michael Jackson el jueves en Los Ángeles deja la pérdida de un hombre, cierra una gran carrera musical, e interrumpe un intenso historial de deudas y conflictos en los tribunales. Pese a los ingentes ingresos que le proporcionaban sus canciones y el catálogo de otros artistas de los que era copropietario, sus inmensos gastos y las condenas judiciales le mantuvieron siempre al borde de la bancarrota.

Jackson (Gary, Indiana, 1958-Los Angeles, California) adeudaba 350 millones de euros, según The Wall Street Journal. A cambio, sus activos estaban valorados en 700 millones, y cada año ingresaba 14 millones por derechos. Durante el juicio al que se enfrentó en 2005 por cargos de abuso de menores, un contable acusó a Jackson de gastar anualmente entre 20 y 30 millones más de lo que ingresaba. En 2001 había escapado de la quiebra gracias a un préstamo de 140 millones de euros del Bank of America, refinanciado en 2006 por la firma de private equity Fortress Investment Group.

El crédito estaba garantizado por el catálogo de canciones de Sony/ATV, la compañía participada a medias por Sony y por el cantante. En él se incluyen los derechos de publicación de artistas como Leonard Cohen, Shakira, Bob Dylan y sobre todo The Beatles, que eran el integrante más jugoso del catálogo de ATV Music Publishing cuando lo compró Jackson, en 1985, por 48 millones de dólares , y que puede valer 1.000 millones. En 1993 empezaron sus problemas financieros, al recibir la primera acusación por abuso de menores, que Jackson resolvió pagando 15,6 millones de euros extrajudicialmente. En 1995 acordó partir en dos ATV y fusionarlo con Sony por 90 millones de dólares.

Las canciones escritas por el propio Jackson pertenecen a otra compañía, Mijac, valorada en torno a los 60 millones de euros.

Las deudas le obligaron incluso a poner de garantía su rancho Neverland, un terreno de 10 kilómetros cuadrados en Santa Bárbara (California) comprado en 1988 por 15 millones de dólares (23 millones de euros actuales). En noviembre del año pasado, Jackson tuvo que entregar la propiedad a una empresa formada por él mismo y el fondo de inversión inmobiliaria Colony Capital, con base en Los Angeles, a cambio de un préstamo de 16 millones de euros. La participación de Jackson no se hizo pública, aunque Colony Capital había estado arreglando el rancho y planeaba venderlo por entre 50 y 60 millones de euros, al menos.

Una de las demandas más conocidas con las que lidiaba el cantante se la puso el jeque Abdulla bin Hamad Al Khalifa, segundo hijo del rey de Bahrain, que inundó a Jackson de dinero para que pusiera al día sus cuentas y publicara un álbum y una autobiografía que el cantante no llegó a realizar. Al Khalifa demandó a Jackson por cinco millones de dólares.

El autor de Man in the mirror, que no publicaba un disco desde 2001, y que llevaba 12 años sin hacer una gira, iba a ofrecer a partir del 13 de julio y hasta marzo de 2010 una serie de 50 conciertos en Londres, en el 02 Arena. El promotor de la gira y del pabellón es AEG Live, que es dueño del Staples Center de Los Angeles, entre otros muchos pabellones, y que pertenece al Anschutz Entertainment Group, del multimillonario de Colorado Philip Anschutz.

La compañía tendrá que devolver el millón de entradas vendidas (estaban prácticamente agotadas) por valor de 60 millones de euros. Antes incluso de que se pusieran a la venta ya había 360.000 solicitudes; en cuestión de horas un millón de personas intentaron conseguir entradas para los diez conciertos programados inicialmente. Los precios de las entradas oscilaban entre los 60 y 88 euros, pero también se vendieron tickets con derecho a champán, after-party y asiento delante del escenario por cerca de 1.000 euros.

AEG Live también tendrá que buscar artistas sustitutos para las 50 noches, y quizás asumir lo que ya ha gastado en la producción, que no incluye ningún adelanto al artista, y que varias fuentes sitúan en torno a los 20 millones de euros. La compañía sabía de la importancia de asegurar la gira, dado el historial médico de Jackson; de hecho los primeros cuatro conciertos ya se habían retrasado porque el cantante pidió más tiempo para prepararlos. El consejero delegado de la firma, Randy Phillips, había declarado hacía un mes que el evento estaba bien asegurado y que Jackson había pasado un examen médico sin problemas.

Lloyd?s, el mercado de seguros londinense, había asegurado parte de la gira, declaró ayer una portavoz de la firma. Según fuentes del sector citadas por Reuters, cuando la gira se alargó empezaron las reticencias para cubrirla. AEG también se quedará sin los 82 millones de euros de beneficios que esperaba obtener, según la revista musical Billboard, así como los 320 que habría conseguido con una gira mundial de tres años que estaba preparando.

Las causas exactas de la muerte (que quizás tarden ocho semanas en conocerse, según la juez de instrucción) determinarán si los seguros deben asumir el coste de la cancelación de la gira, o si los herederos del cantante (que deja tres hijos) deberán asumir una deuda más. A cambio, el cantante deja sus propiedades y los derechos de autor de sus discos (en los que había tanto canciones suyas como de grandes autores del pop), cuyas ventas podrían dispararse tras su muerte, como anunció ayer Sony. La división de Tokio recibió pedidos de 150.000 discos compactos, informa Bloomberg.

Desde el principio de su carrera en solitario, Jackson se llevó una parte importante de la venta de sus discos. En 1980 firmó un contrato para asegurarse el 37% de los beneficios de sus álbumes. De cada ejemplar de Thriller (del que se han vendido unos 100 millones) se llevaba dos dólares.

El autor de We are the world también se caracterizaba por su compromiso con las causas benéficas, en general relacionadas con los niños, aunque eso también era motivo de controversia.

50 años y un deseo: ser el más grande

No es de extrañar que la industria acogiese a Michael Jackson como uno de sus hijos predilectos desde que comenzó su carrera con cinco años. Durante 45 de sus 50 años, productores y discográficas han exprimido a un artista que lo tenía todo: un gran genio musical, una de las voces más versátiles y reconocibles y don para el baile.

Y él devolvió el esfuerzo a la industria sacrificando toda su vida para convertirse en el autoproclamado rey del pop, por vender más que nadie, dar los mayores conciertos, por buscar sin descanso el aplauso del público. Su talento y dedicación absoluta y el dinero de la industria lograron que su figura traspasase los umbrales de la música y le convirtiesen en un icono global. Pero en el camino, sus frivolidades, operaciones de estética y juicios terminaron por convertirle en un esperpento y destrozar la imagen de uno de los grandes nombres de la música.

Jackson, al igual que Elvis no inició ninguna revolución musical. æpermil;l siempre quiso ser el más popular, y dedicó su talento (y el de gente como Quincy Jones) a sintetizar a sus maestros para crear el producto perfecto para todos los públicos. No es poco. Muchos lo intentan a diario. Casi nadie igualará a Jackson.

Cumbre musical

Off The wall (1979). The Jackson 5 ya habían lanzado buenos discos -ABC (1970) o Destiny (1978)-. Pero quedan a años luz del verdadero debut de Michael como solista.

Thriller (1982). El disco más vendido de la historia. Hizo de Jackson una estrella global, pero supuso el comienzo de la cuesta abajo.

Homenaje espontáneo en las calles de EE UU

El chico que caminaba sobre la luna al bailar volvió a llenar con el ritmo de Thriller, Billie Jean y otros éxitos las ondas de la radio en Nueva York y algunas de sus más populosas calles.

Apenas minutos después de que se confirmara su fallecimiento, las radios, los bares de copas e incluso las tiendas desempolvaron los discos de Michael Jackson y subieron el volumen. Era el homenaje espontáneo de los estupefactos neoyorquinos a un músico, un icono del entretenimiento que ayer encontró un inesperado fin. En el teatro Apollo de Harlem, cientos de personas se dieron cita para llorar, bailar, cantar, abrazarse y recordar a un hombre que se inició como niño prodigio con sus hermanos en es mítico escenario.

Eran escenas que se repetían en otras ciudades populosas, Los Ángeles, San Francisco y su natal Gary (Indiana). Es previsible que su música sea el ritmo que mueva el país estos días porque nunca es fácil decir adiós a una estrella.