A fondo

Tabaco e hidrocarburos, la punta del iceberg

Dice el refrán que de la necesidad se hace siempre virtud. Es lo que viene ahora esgrimiendo el Gobierno tras la subida de impuestos especiales (hidrocarburos y tabaco) aprobada el pasado viernes. La vicepresidenta primera Teresa Fernández de la Vega justificó ayer el incremento tributario para hacer frente a partidas de gastos como el desarrollo de la Ley de Dependencia, y el incremento de la protección social en tiempos de crisis. Por su parte, la ministra de Economía y Hacienda, Elena Salgado, indicó el viernes que la subida de estos tributos tiene también un sentido sanitario y ecológico, porque desestimula el consumo de tabaco y el uso de los vehículos que más consumen, que son los más contaminantes.

Al margen de estas razones, lo cierto es que el descalabro recaudatorio que lleva sufriendo las administraciones en poco más de un año hace urgente la aplicación de medidas extraordinarias, tanto por el lado de los ingresos como de los gastos, como reconoció ayer el secretario de Estado de Hacienda, Carlos Ocaña.

Por el lado de los ingresos y ante la menor actividad económica, sólo queda la vía de la subida de impuestos. El Ejecutivo estudia que ésta sea "gradual" y "selectiva" hacia las rentas más altas. El problema aquí es que no puede ser muy gradual en el tiempo si se quiere a la vez que haga efecto a corto y medio plazo (el déficit debe ser reconducido antes de 2012 como se ha prometido a Bruselas). Además, el ajuste debe ser "de calado", como reconocen desde Economía, dado el agujero en la recaudación. Hoy por hoy, los ingresos tributarios se "funden" (un 12,6% de caída en el primer cuatrimestre) a un ritmo superior al que lo hacen los iceberg del Oceano Ártico, afectados por el cambio climático.

La subida del gravamen al tabaco, gasóleo y gasolinas, aprobada el viernes sólo recaudará, según Hacienda, 2.230 millones de euros, eso suponiendo que se mantenga el consumo, algo nimio si se compara, por ejemplo, con los 19.000 millones de gasto extraordinario que aprobó el Gobierno el mismo viernes para financiar el incremento de la protección por desempleo.

Pero, además, el agujero fiscal es aún mayor. Según las nuevas previsiones oficiales, el Gobierno cuenta con que el déficit de las administraciones llegue este año al 9,5% del PIB, es decir casi 100.000 millones de euros, que sólo se pueden financiar con más deuda y, además, si se abre el melón a subidas de impuestos de los grandes tributos (IRPF, Sociedades o IVA). En el caso del IVA, el Gobierno de momento, lo ve con recelo, escarmentado por lo que ya ocurrió en la anterior crisis económica, en los años 90 cuando el entonces ministro de Hacienda Carlos Solchaga elevó la tributación del impuesto y, en cambio, le cayó la recaudación, vapuleada por el menor consumo.

Una forma de subir el gravamen de estos tributos "sin que se note" demasiado es recortando deducciones. En este camino, el Gobierno tiene un largo rosario de posibilidades. Un vistazo a los beneficios fiscales previstos para 2009 sirve para comprobar cómo sólo en la famosa deducción de los 400 euros en el IRPF hay un gasto de casi 6.000 millones. Visto lo visto la subida del tabaco y las gasolinas sólo es la punta del iceberg de una nueva política presupuestaria e impositiva, que busca obtener más recursos del contribuyente.

Por el lado del gasto, sólo queda aplicar la tijera. El techo de gasto del Estado para 2010 (182.439 millones) caerá un 4,5% respecto al cierre previsto para este año, lo que parece razonable. Sin embargo, no lo es tanto si se tiene en cuenta que es un aumento de 22.000 millones respecto al techo de gasto que se pactó inicialmente para 2009 160.158 millones). Como siempre todo depende del cristal con que se mire.