A fondo

Las aseguradoras de EE UU ya ven florecer

Después del "Dinero, por favor" ha llegado el "Gracias, pero no. Creo que ahora no, gracias". Con este sencillo, y educado, intercambio de palabras se pueden resumir las relaciones entre algunas de las aseguradoras de vida de EE UU, que hace unos meses solicitaron fondos del TARP (el plan de salvamento para la banca), y el Tesoro. La última parte de la conversación se produce ahora, después que el Gobierno haya decidido que la mitad de las firmas que pidieron ayuda puedan recibir el dinero.

El Tesoro hizo oficial la semana pasada que seis aseguradoras de vida tendrán disponible fondos públicos para capitalizarse. Prudential Financial, la segunda mayor aseguradora de este sector; Lincoln Nacional, Ameriprise, Allstate, Hartford Financial y Principal Financial pueden acceder a unos 22.000 millones de dólares (unos 16.260 millones de euros) que Washington pondrá a su disposición si lo necesitan como lo ha hecho con la banca o Detroit. El Gobierno está tratando de controlar todas las vías de agua que pueda haber en el complejo sistema financiero y ha terminado aceptando la necesidad de proveer la ayuda pedida por estas firmas a través del TARP, un programa que no hace más que mostrar su generosa flexibilidad.

Pero las aseguradoras se están pensando ahora si se vinculan o no con el Estado. Por un lado, empiezan a ver como los famosos "brotes verdes" se manifiestan en los mercados y cómo eso permite a algunas captar capital sin necesidad de acudir al Tío Sam. Por otro, observan cómo aceptar este capital puede afectar la percepción y confianza que el público tiene en ellas y cómo los bancos están haciendo todo lo posible por devolver este dinero que llega con un control más férreo por las autoridades. Todo parece indicar que Ameriprise decidirá no aceptar este dinero, igual que tampoco lo hará Prudential. El resto deshoja la margarita aunque hay posibilidades de que Hartford y Lincoln terminen aceptando un total de 6.000 millones de dólares. La primera de estas firmas ha cosechado pérdidas en los últimos tres trimestres y la inyección de capital (2.500 millones) de Allianz apenas le concedió respiro.

Las aseguradoras de vida se pusieron en otoño a la cola de la fila hecha por los que solicitaban dinero a Washington porque la caída de los mercados les había afectado en varios frentes: empezaban a sentir la presión de algunos de los generosos productos que han vendido a sus asegurados y veían cómo caía el valor de las inversiones realizadas principalmente en bonos, pero también en activos hipotecarios e inmobiliarios. Con este panorama, el camino más seguro para recomponer sus finanzas era el que llevaba a la Avenida Pensilvania de Washington (sede del Tesoro). Las autoridades han tenido que tener en cuenta el peso de estas entidades en el mercado de deuda y el daño que podría causar que deshicieran sus posiciones, lo que desempolva la idea de que hay actores en los mercados "muy interconectados como para dejarlos caer".

Con tal fin y para cualificar para el TARP, algunas firmas compraron pequeñas entidades de crédito, ya que sólo los bancos pueden acceder a este capital. Pero el tiempo ha pasado y ahora que la luz es verde entidades como Allstate y Principal Financial han podido recurrir al mercado para captar fondos. La primera se hizo con 1.000 millones de dólares con una emisión de deuda y la segunda ha hecho una oferta de acciones por el mismo valor. En un ambiente mucho más benigno en los mercados no sólo la gran banca aprovecha para capitalizarse con emisiones de deuda (sin garantía del Fondo de Garantía de Depósitos). Es posible que el sector asegurador pueda mostrar más músculo y cintura en esta grave crisis que lo adelantado, especialmente si los brotes verdes se multiplican. De momento, la única entidad que ha recibido fondos es AIG, pero sus problemas no eran de este mundo sino del de los derivados.