TRIBUNA

El final del juego

Una de las primeras lecciones que aprendes en teoría de juegos es a resolver los problemas de atrás hacia delante. Sabiendo dónde vas a llegar decides los movimientos previos. Creo que este modo de razonar sería muy útil para nuestras decisiones de política económica.

Es bastante probable que el presidente del Gobierno presente hoy, en el debate sobre el estado de la nación, un nuevo plan con medidas para atajar la crisis. Superaremos, de acuerdo a la contabilidad gubernamental, la barrera de las 100 medidas anticrisis con el mismo entusiasmo con el que el F.C. Barcelona se dispone a pulverizar los récords previos de goles y puntos. Cien actuaciones cuyo escueto balance se nos presentó hace unos días, dejándonos con la duda sobre su utilidad para resolver la situación actual.

Es difícil, en todo caso, que se critique el contenido de las nuevas medidas: ampliarán la cobertura a los parados, darán ayudas a las empresas y un respiro a las familias, todo difícil objetar. ¿Y después? Si nos atenemos al pasado, esperar a que escampe; y si no lo hace, pues se diseñará otro plan.

Planes y medidas que con seguridad tendrán efectos positivos, pero con fecha de caducidad: los "brotes verdes" crecerán algo más hasta el final del verano, pero difícilmente soportarán el invierno, porque no se abordan las causas de nuestras deficiencias. Planes y medidas que tienen, sobre todo, un límite. El margen de gasto del que hablaba el anterior vicepresidente, Pedro Solbes, ya es historia antes de que se apruebe este plan. Las previsiones de la Comisión Europea, y no son las peores, sitúan al déficit en el 8,6%.

Pero no sólo es problema de cumplimiento de nuestros límites de endeudamiento. La demografía de nuestro país en los próximos años va a tensionar el gasto público de una forma difícilmente soportable. El responsable de Economía del Partido Socialista y secretario de Estado de la Seguridad Social, Octavio Granado, consideraba la semana pasada como "insostenible" a medio plazo nuestro actual sistema de pensiones.

Lo que nos lleva a que este año, incluso el que viene, cuando se quiera aprobar el enésimo plan de estímulo, alguien le dirá al presidente que no es posible y el Gobierno se verá obligado a adoptar otro tipo de medidas, probablemente mucho menos populares que rebajarnos los coches.

La cuestión, por tanto, es que si al final todos sabemos que para salir de esta crisis vamos a tener que tomar decisiones complicadas, ¿por qué no empezar ahora y ahorrarnos unos cuantos planes de estímulo?

Pablo Vázquez. Director de Fedea